La polémica estalló tras la eliminación de Egipto en los octavos de final del Mundial 2026. Su entrenador, Hossam Hassan, insinuó que el partido contra Argentina estuvo “arreglado” y que la FIFA favoreció a Lionel Messi. La derrota 3-2, luego de ir ganando 2-0, dejó al conjunto africano fuera y encendió un debate que trascendió lo deportivo.
El técnico egipcio apuntó contra el arbitraje del francés François Letexier, señalando un gol anulado a Mostafa Zico y un penal no sancionado a Mohamed Salah. Incluso cuestionó la designación del juez y el horario del encuentro. La Federación Egipcia de Fútbol presentó una queja formal ante la FIFA, reclamando imparcialidad y pidiendo la exclusión del árbitro y del VAR.

En ese contexto, apareció la voz de José Mourinho, entrenador del Real Madrid, quien fue categórico: “Cuando perdés un partido después de ir ganando 2-0, el primer análisis debería ser sobre tu propio equipo, no sobre conspiraciones”. El portugués pidió autocrítica y rechazó las insinuaciones de Hassan.
Mourinho insistió en que las derrotas deben analizarse desde lo futbolístico: “Como entrenador, debés mirar qué podrías haber hecho mejor antes de señalar con el dedo a otros”. Para él, las teorías de favoritismo desvían la atención de lo esencial: la gestión táctica y la capacidad de sostener un resultado.
Como para dejarle un fuerte mensaje al DT egipcio, definió que “el fútbol se decide por lo que ocurre en el campo. Si tu equipo no puede proteger una ventaja de dos goles, ahí es donde debería empezar la discusión. Los entrenadores deben asumir la responsabilidad, especialmente después de derrotas dolorosas. Eso forma parte del trabajo”.
La prensa internacional recogió el cruce. Medios británicos como BBC Sport y españoles como Marca destacaron la dureza de Mourinho, mientras que portales egipcios como Al-Ahram defendieron la postura de Hassan, señalando que “las decisiones arbitrales destrozaron el sueño de un país”. La FIFA, por su parte, anunció que revisará el desempeño del árbitro, aunque su exclusión parece improbable.
La remontada argentina, con goles de Cristian Romero, Messi y Enzo Fernández, fue celebrada como una gesta épica. Para Egipto, en cambio, la derrota se vivió como una injusticia que derivó en acusaciones de amaño y en un clima de tensión que incluyó cruces de Hassan con Lionel Scaloni y hasta con hinchas en el estadio.
Con su estilo directo, Mourinho dejó una lección clara: en el fútbol, las derrotas deben asumirse con responsabilidad. Mientras Argentina avanza a los cuartos de final, Egipto queda atrapado en la polémica y la FIFA enfrenta un nuevo desafío de credibilidad en plena Copa del Mundo.