09/07/2026 - Edición Nº1248

Política

A 79 años

Juan Domingo Perón y la Casa Histórica de Tucumán, clave del 9 de julio de 1947

09/07/2026 | Más que un acto simbólico, fue la declaración de un proyecto de país que pretendía colocar al Estado, al trabajo y a la producción nacional en el centro del desarrollo.



El 9 de julio de 1947, Juan Domingo Perón eligió la misma Casa Histórica de Tucumán para proclamar la Independencia Económica de la República Argentina. Fue un mensaje político -firmado por el presidente y los ministros del gabinete nacional- cuidadosamente construido para sostener que la independencia estaba incompleta mientras las decisiones económicas estuvieran condicionadas por intereses extranjeros.

En la profundidad de su pensamiento, el líder justicialista entendía que la soberanía no podía reducirse a la existencia de instituciones propias o a la autonomía diplomática. Para él, un país dependiente de capitales externos, de mercados internacionales o de organismos financieros nunca podría ejercer plenamente su libertad política.

La lectura del acta declaratoria estuvo a cargo del ministro del Interior, Ángel Borlenghi. "los representantes de la Nación en sus fuerzas gubernativas y en sus fuerzas populares y trabajadoras pare refirmar el propósito del pueblo argentino de consumar su emancipación económica de los poderes capitalistas foráneos que han ejercido su tutela, control y dominio, bajo las formas de hegemonías económicas condenable" dice el texto original.

Los firmantes declararon su "voluntad de ser económicamente libres, como hace ciento treinta y un años proclamaron ser políticamente independientes".

El país que imaginaba el primer peronismo

La declaración llegó en un contexto excepcional. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, la Argentina contaba con reservas acumuladas gracias a sus exportaciones agropecuarias y disponía de un margen de maniobra inédito para redefinir su modelo económico.

El gobierno peronista impulsó entonces una transformación estructural basada en la industrialización, la sustitución de importaciones, la ampliación de derechos laborales, el fortalecimiento del mercado interno y una activa participación del Estado en áreas consideradas estratégicas.

La nacionalización de los ferrocarriles, del Banco Central, de los teléfonos, de empresas de servicios públicos y la creación de organismos como el Instituto Argentino para la Promoción y el Intercambio (IAPI) respondían a una misma lógica: que las principales herramientas económicas estuvieran bajo conducción nacional. La Independencia Económica proclamada en Tucumán fue, en definitiva, la expresión política de ese programa.

Más que una consigna

En el imaginario peronista, la Independencia Económica pasó a integrar una trilogía inseparable junto con la Justicia Social y la Soberanía Política. Según la doctrina peronista, sin control sobre los recursos estratégicos y sin capacidad para decidir el rumbo de la economía, la política terminaba subordinada a intereses ajenos al pueblo argentino.

Del mismo modo, sin una economía al servicio del desarrollo nacional, la justicia social se convertía en una promesa imposible de cumplir. Esa concepción convirtió al Estado en un actor central del crecimiento económico, de la distribución del ingreso y de la planificación del desarrollo. 

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