La publicidad argentina perdió a uno de sus mayores mitos contemporáneos. Este jueves falleció Ramiro Agulla, el creativo que revolucionó la comunicación comercial y política del país durante las últimas décadas. Aunque todavía no se dieron a conocer las causas de su muerte, la noticia generó un fuerte impacto en el mundo de los medios y el marketing.

Junto a su socio histórico, Carlos Baccetti, fundó la mítica agencia Agulla & Baccetti, una usina de ideas que en los años 90 rompió todos los moldes tradicionales. Tras enterarse de la triste noticia, el propio Baccetti lo despidió con un mensaje cargado de simbolismo en sus redes sociales: "Un prócer que se fue un 9 de julio. Hasta eligió bien la fecha".
La huella de Agulla en la cultura popular argentina es innegable. De su mente salieron fenómenos que saltaron de la tanda publicitaria a las conversaciones de la calle, como la recordada campaña de "La llama que llama" para Telecom, el pegadizo "Gueropa" de Renault Clio, y comerciales emblemáticos para marcas de la talla de Coca-Cola, Quilmes, YPF, OCA y Banco Itaú.

Sin embargo, el nombre de Agulla quedó marcado a fuego en la historia grande del país por su irrupción en el marketing político. Su obra cumbre en este terreno fue la campaña presidencial de Fernando de la Rúa en 1999 (foto más abajo). Aquel spot que abría con la frase "Dicen que soy aburrido..." no solo catapultó al candidato de la Alianza a la Casa Rosada, sino que se convirtió en una pieza de estudio obligatorio de la política local.
Fiel a su estilo, la trastienda de ese eslogan tiene tintes de leyenda. El propio Agulla relató alguna vez que escribió la idea tirado en una playa de Punta del Este, como una respuesta directa a un ataque de Eduardo Duhalde, quien intentaba instalar que De la Rúa era un hombre gris y monótono. En lugar de camuflar esa parquedad, Agulla la transformó en la mayor fortaleza del candidato: la convirtió en sinónimo de seriedad, orden y previsibilidad frente al desgaste del menemismo.

Agulla había llegado a ese comité de campaña en 1998, convocado por su amigo Darío Lopérfido. Allí se integró a un equipo de pesos pesados que incluía a David Ratto —el histórico publicista de Raúl Alfonsín en 1983—, Carlos Souto y el sociólogo Luis Stuhlman. La prensa de la época los bautizó como el "grupo de los jóvenes" dentro de la Alianza, un ala disruptiva que terminó siendo decisiva para el triunfo electoral.
Su audacia para entender el clima social lo llevó a asesorar a mandatarios y candidatos de toda la región y el mundo, entre ellos Carlos Menem, Francisco de Narváez, el chileno Sebastián Piñera, el mexicano Vicente Fox y el senador estadounidense John McCain. A pesar de su enorme influencia en el poder, él prefería mantener una distancia pragmática: "Yo no soy político. Soy publicitario. Hago anuncios, soy el chico del delivery", repetía.
Nacido en Río Gallegos y criado en Buenos Aires, Agulla se formó en la Asociación Argentina de Agencias de Publicidad. A lo largo de su carrera acumuló los premios más importantes de la industria y fue uno de los grandes responsables de que la creatividad argentina fuera respetada y multipremiada en todo el planeta.