El 10 de julio de 2011 quedó marcado como uno de los hitos más importantes en la consolidación política de Mauricio Macri.
Ese domingo, el entonces jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires obtuvo una contundente victoria en la primera vuelta de las elecciones porteñas al reunir cerca del 47% de los votos, una diferencia de casi veinte puntos sobre el candidato del Frente para la Victoria, Daniel Filmus, quien alcanzó alrededor del 28%.
Aunque el resultado no fue suficiente para evitar el balotaje previsto por la Constitución de la Ciudad, el amplio margen obtenido por el PRO dejaba prácticamente encaminada la reelección de Macri, que finalmente se concretaría el 31 de julio al imponerse nuevamente sobre Filmus y asegurarse un segundo mandato al frente de la administración porteña.
La elección también tuvo un fuerte impacto nacional. En un año atravesado por la campaña presidencial que terminaría con la reelección de Cristina Kirchner, el triunfo de Macri fortaleció su liderazgo opositor y comenzó a proyectar su figura hacia una futura candidatura presidencial, objetivo que terminaría concretando cuatro años más tarde.
Los resultados reflejaron un claro predominio del PRO en todo el territorio porteño. Macri se impuso en las 15 comunas de la Ciudad, con diferencias especialmente amplias en los barrios del norte, aunque también logró mantener ventajas en zonas donde históricamente el peronismo mostraba un mejor desempeño.
El oficialismo porteño consiguió así mejorar incluso el porcentaje obtenido en la primera vuelta de 2007, cuando Macri había llegado por primera vez a la Jefatura de Gobierno.
Detrás del líder del PRO quedó Daniel Filmus, acompañado por Carlos Tomada como candidato a vicejefe. Más lejos apareció Fernando "Pino" Solanas, que obtuvo cerca del 13% de los votos y quedó fuera de la definición.
La elección registró además una participación superior al 75% del padrón, un nivel considerado elevado para unos comicios locales.
Tras conocerse los resultados, Daniel Filmus confirmó que competiría en la segunda vuelta prevista para el 31 de julio. "Vamos a recorrer cada comuna para ofrecer el proyecto de una ciudad mejor", sostuvo esa noche.
El candidato del Frente para la Victoria también llamó a construir una amplia convocatoria política.
"Vamos a convocar a los mejores de las fuerzas políticas y a quienes son los mejores y no están en ninguna fuerza política, pero quieren actuar por la positiva, porque toda la ciudad tiene que ser digna", expresó.
Desde el kirchnerismo destacaban otro dato político: pese a la derrota, el Frente para la Victoria había alcanzado el mejor resultado electoral de su historia en la Ciudad de Buenos Aires desde su creación.
El desafío, sin embargo, aparecía extremadamente complejo. Con una diferencia cercana a los veinte puntos, Filmus necesitaba captar prácticamente la totalidad de los votos de las restantes fuerzas políticas y además convencer a una parte importante de quienes habían acompañado a Macri en la primera vuelta.

En el bunker del PRO el clima era de festejo. Con los tradicionales globos amarillos, música y una puesta en escena que ya caracterizaba al espacio, los dirigentes daban prácticamente por descontada la victoria en el balotaje.
Macri aprovechó su discurso para instalar un mensaje con proyección nacional. "Asumí el compromiso de trabajar por la unidad nacional", afirmó.
También sostuvo que "llegó la hora de acabar con nuestros fantasmas del pasado y entusiasmarnos con nuestro futuro", además de señalar que "la pobreza no es una cuestión ideológica, sino concreta".
En ese momento, el líder del PRO ya había desistido de competir por la Presidencia en 2011, pero su contundente triunfo en la Ciudad alimentaba las expectativas de construir una alternativa nacional para los años siguientes.
Aunque formalmente se trataba de una elección local, el resultado fue interpretado rápidamente como una señal dentro del escenario político nacional.
El PRO buscó retener a los votantes que apoyaban a Macri en la Ciudad pero que, al mismo tiempo, manifestaban intención de votar por Cristina Kirchner en la elección presidencial de octubre.
Del lado del oficialismo nacional, dirigentes como Amado Boudou remarcaron que el Frente para la Victoria había mejorado significativamente su desempeño histórico en el distrito, aunque reconocían la contundencia del triunfo macrista.
Al mismo tiempo, la escasa performance de otros candidatos opositores, como los representantes vinculados a Elisa Carrió, Ricardo Alfonsín y Eduardo Duhalde, también alimentó distintas lecturas sobre el reordenamiento del mapa opositor.

Fernando Solanas quedó tercero con un resultado distante de los dos principales candidatos y anunció que no daría una indicación explícita de voto para el balotaje.
El dirigente sostuvo que la elección había quedado reducida a una confrontación entre el macrismo y el kirchnerismo y dejó en libertad de acción a quienes habían acompañado su candidatura.
Esa definición aumentó la incertidumbre sobre el eventual destino de esos votos en la segunda vuelta, aunque la magnitud de la ventaja obtenida por Macri hacía muy difícil modificar el escenario. Y así fue: el líder del PRO se impuso con el 64% de os votos.