11/07/2026 - Edición Nº1250

Deportes


Copa Mundial de Fútbol

El debate que divide Brasil: ¿el evangelismo destruyó a la selección brasileña?

11/07/2026 | Tras la eliminación de la Verdeamarela ante Noruega, un politólogo viralizó una tesis: el avance evangélico transformó el fútbol brasileño.



La eliminación de Brasil ante Noruega en los octavos de final de la Copa Mundial de Fútbol 2026 de la FIFA no solo generó una crisis futbolística en el país sudamericano, sino que también abrió un debate cultural profundo que trasciende los límites del análisis táctico.

En medio de la búsqueda de explicaciones para el fin aparente del histórico jogo bonito, una tesis viralizada en redes sociales sostiene una hipótesis provocadora: el avance del evangelismo entre los futbolistas brasileños habría transformado la identidad cultural del fútbol nacional y contribuido a su declive competitivo.

El planteo generó miles de reacciones y dividió a los brasileños entre quienes ven en él una explicación válida y quienes la rechazan como una simplificación peligrosa.

El politólogo, consultor y podcaster latinoamericanista Elvin Calcaño publicó un extenso hilo en la red social X en el que desarrolló la hipótesis con detalle.

Según su análisis, el fútbol brasileño estuvo históricamente ligado a una cultura marcada por el sincretismo entre el catolicismo y las religiones de origen africano como la Umbanda y el Candomblé.

Esa mezcla, dice Calcaño, se reflejaba en un estilo de juego creativo, alegre y colectivo, con jugadores que llegaban a los estadios cantando samba y tocando tambores afrobrasileños. El juego en la cancha era, entonces, una extensión del festejo.

La tesis del politólogo indica que ese sincretismo religioso y cultural fue reemplazado paulatinamente por prácticas propias del evangelismo, especialmente del neopentecostalismo con su teología de la prosperidad. Este cambio, según su análisis, tiene un impacto directo en la mentalidad de los jugadores.


El dolor brasileño tras la eliminación.

La visión religiosa en la que las victorias y derrotas quedan sujetas a la voluntad de Dios modifica la forma en la que los futbolistas asumen la responsabilidad por los resultados, mientras que la doctrina calvinista del esfuerzo individual como devoción por Dios refuerza una lógica individualista frente al juego colectivo que caracterizó a las generaciones de Pelé, Garrincha, Zico, Romário, Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho.

La transición: de Kaká y Robinho a la generación de Neymar

El debate no es nuevo en Brasil. Distintos analistas ubican el comienzo de la transición en la generación de Kaká y Robinho, cuyas familias pertenecían a iglesias evangélicas del evangelio de la prosperidad.

Kaká, por ejemplo, se hizo mundialmente conocido por levantar la remera con la leyenda "I belong to Jesus" tras ganar la Copa del Mundo con Brasil en 2002 y la Champions League con Milan en 2007. Aquel gesto marcó una época y funcionó como una carta de presentación de una nueva identidad religiosa del fútbol brasileño.

Neymar, la máxima estrella brasileña de las últimas dos décadas, profundizó el fenómeno. Su vínculo con la Iglesia Universal del Reino de Dios y con líderes religiosos evangélicos es público desde hace años.

Su influencia en los futbolistas más jóvenes del plantel fue enorme, tanto en el estilo de vida como en la práctica religiosa. Vinicius Jr., Rodrygo, Casemiro y Ederson, entre otros, comparten distintos niveles de compromiso con iglesias evangélicas.

La foto grupal de la Selección con biblias y rezos previos a los partidos es hoy una constante que reemplazó a las viejas ceremonias de sincretismo afrobrasileño.

Los argumentos a favor y las críticas a la tesis

Los defensores del planteo de Calcaño sostienen que hay una relación directa entre la lógica individualista del evangelismo neopentecostal y la caída del juego colectivo brasileño.

Con esta lectura, el fútbol brasileño habría perdido creatividad, improvisación y capacidad de compartir la pelota. Argumentan que las claves del jogo bonito estaban en una cultura popular que celebraba la diversidad, el sincretismo y el disfrute colectivo, y que esas mismas claves se están apagando en la juventud brasileña actual.


El llanto de Neymar tras la eliminación contra los nórdicos.

Sin embargo, la tesis tiene también sus críticos. Distintos analistas periodísticos y académicos rechazan la explicación por considerarla una simplificación de un fenómeno mucho más complejo.

La eliminación del Brasil de Carlo Ancelotti ante Noruega, sostienen, responde a factores deportivos, administrativos y tácticos: la exportación temprana de talento hacia Europa, la pérdida de identidad táctica en la selección, la falta de continuidad en los procesos técnicos y la crisis institucional de la CBF, entre otros.

Además, señalan que no existe evidencia académica concluyente que establezca una relación causal entre la afiliación religiosa de los futbolistas y el rendimiento deportivo de una selección nacional.

El contexto brasileño: un país en transformación religiosa

El debate se enmarca en un fenómeno mucho más amplio que ocurre en Brasil desde hace décadas. El país, tradicionalmente católico, atraviesa un cambio religioso profundo con un avance sostenido del evangelismo y del neopentecostalismo.

Distintos censos y estudios académicos muestran que el porcentaje de brasileños que se identifican como evangélicos pasó de menos del 10% en la década de 1990 a más del 30% en la actualidad. Este cambio impacta en la política, la economía, la cultura y, según sostiene la tesis, también en el fútbol.

En el plano deportivo, el debate ya excede a Brasil y empieza a resonar en otras selecciones sudamericanas donde también crece la presencia evangélica. En Argentina, algunos jugadores como Enzo Fernández también son practicantes evangélicos, aunque el fenómeno no tiene la magnitud del brasileño.

La discusión, por ahora sin conclusiones definitivas, se convirtió en uno de los temas más comentados post Mundial 2026 y va a seguir generando análisis en las próximas semanas. El jogo bonito, símbolo de una época, parece haberse ido. La pregunta es qué queda en su lugar.