En un contexto en el que las inversiones productivas vuelven a ganar protagonismo frente a las financieras, el agro aparece nuevamente como una alternativa para quienes buscan diversificar su cartera. La estabilidad macroeconómica, la apertura de mercados y las perspectivas para actividades como la ganadería impulsan nuevas estrategias de inversión y obligan tanto a productores como a inversores a replantear la forma de asignar capital.
En ese escenario, ADBlick desarrolla distintos vehículos de inversión vinculados con la producción agropecuaria, que abarcan desde agricultura y ganadería hasta olivos y provisión de insumos. La empresa, con más de 15 años de trayectoria, apunta a ampliar el acceso a este tipo de proyectos mediante tickets de ingreso más bajos que los que históricamente demandó el sector.
En el Living de NewsDigitales, Gastón Podestá, director estratégico de ADBlick, analizó cómo cambió el escenario para las inversiones en el agro, el impacto del nuevo contexto económico sobre las decisiones de los productores y las oportunidades que observa en actividades de largo plazo.
-¿Qué es AdBlick?
-Es una empresa que ya tiene más de 15 años en el mercado, cuya finalidad es tratar de democratizar las inversiones en el agro. ¿Por qué decimos democratizar? Porque las inversiones en el agro son, como sabés, de volumen, de masa crítica, de mucho capital. Nosotros creamos vehículos que le permiten a un inversor pequeño, o no tan pequeño, diversificar su portfolio de inversión incluyendo al agro con montos que son accesibles y razonables para un inversor minorista o mediano.
-Claro, siempre cuando se habla de inversiones en el campo justamente se piensa en grandes escalas, pero acá la acercan, si querés, a un inversor más chico.
-Sí. En general trabajamos con tickets mínimos necesarios como para que no sea demasiado complicada la gestión. No estamos todavía hablando de tokenizar inversiones en el campo, pero sí de tickets que pueden ser de USD 10.000 o USD 15.000, que son inversiones mucho más accesibles para un inversor que no es del sector y cuya intención es diversificar su portfolio de inversiones. En general, trabajamos con gente que no solo invierte en el campo, sino que le damos la oportunidad de diversificar sus inversiones.
-Buscan ampliar un poco el menú.
-Exactamente y más en el día de hoy, donde el menú financiero ha cambiado significativamente y donde creemos que las inversiones productivas han pasado a tener un papel mucho más relevante en la composición del portfolio de los inversores.
-Ahí diste en la tecla. ¿Cómo está el tema del productor? Siempre que hablamos de campo nos referimos a quintales por hectárea, de cuánto sale la urea para hacer trigo o el maíz para la ganadería, pero ha habido un cambio de clima, si querés, un cambio de época en las condiciones macroeconómicas. Eso está haciendo que el productor mire de otra manera las inversiones. ¿Cómo ves esa relación del productor con las inversiones?
-En Argentina, creo que estamos en un proceso de reajuste y adaptación a las nuevas realidades y todos estamos aprendiendo. Hace muchos años vivíamos en un entorno donde lo financiero mandaba, donde el gerente financiero era mucho más importante que cualquier otro gerente de la compañía, inclusive en muchos casos que el propio número uno. Hoy el negocio financiero no digo que desapareció, pero sí es un negocio distinto, con márgenes distintos y donde la importancia que tiene al momento de ver los resultados finales ha disminuido. Ganar dinero haciendo un simple pase financiero ya no es tan fácil y, por eso, todo lo productivo se tiene que mirar de otra manera.
-¿Cómo se inserta el productor en este contexto?
-El productor está aprendiendo y todavía hay un montón de variables que se están reajustando. Si vamos al tema de granos, el costo del arrendamiento de la tierra está sufriendo un proceso de reajuste, en algunos casos a la baja, dependiendo de los sectores y de las zonas. En nuestro caso estamos mirando posibilidades de avanzar sobre zonas no tan tradicionales, que se están incorporando con mayor flexibilidad. En el caso de la ganadería, todo el mundo habla del boom ganadero y creo que es así. Hay una oportunidad única para la Argentina, pero todavía nos queda mucha eficiencia productiva por ganar. Cuando uno compara la producción de carne de países como Estados Unidos con la de Argentina, todavía nuestra capacidad para mejorar la eficiencia es muy significativa.
-Hablás de crecer en kilos sin crecer en rodeo, por ejemplo
-Exactamente, crecer un rodeo ganadero lleva años. En cambio, nosotros podemos aumentar la producción mejorando y haciendo más eficientes, por ejemplo, los niveles de destete de la ganadería argentina. También el aprovechamiento forrajero es un aspecto donde algunos productores trabajan muy bien, pero donde todavía existe un margen enorme de mejora para la mayoría. Esto no es para culpar a los productores, de ninguna manera. Tampoco existían los incentivos para hacer inversiones de largo plazo con la estabilidad que eso requiere. El contexto condicionaba.
Por otro lado, lo hemos visto muchas veces: la capacidad que tiene el agro argentino para buscar eficiencia, para seguir siendo rentable y productivo a pesar de todas las dificultades, es de primer nivel en el mundo. Pero antes muchas de esas dificultades se compensaban haciendo un pase financiero o negociando mejor los plazos y los términos de intercambio, y no tanto focalizándose en la eficiencia productiva. Hoy el productor tiene que empezar a mirar mucho más la eficiencia para seguir siendo rentable.
-Hace no tanto tiempo se trabajaba en un contexto de mayor inflación y la inflación hasta podía licuar ciertos errores de manejo.
-Absolutamente. El negocio pasaba mucho más por los stocks, como dicen algunos economistas. Hoy eso cambió. Podemos discutir si fue un giro de 180 grados o no, pero sí fue un cambio muy importante. A mí me gusta mucho cuando Salvador Di Stefano dice que "cambió la música en la Argentina". Cuando cambia la música y cambia el ritmo, hay que aprender a bailar otra música y otro ritmo.
La gran pregunta que tenemos por delante es cuánto dura esta música. No lo digo por un gobierno en particular, sino por las condiciones macroeconómicas. Esa es la gran duda que todavía genera cierta cautela a la hora de hacer inversiones de mediano y largo plazo en el agro. Saco de esta discusión a la energía y a la minería, porque son sectores donde necesariamente las inversiones son de largo plazo. En el agro todavía existen ciclos más cortos y uno puede decidir todos los años si siembra o no siembra.
También hay producciones como el olivo, donde una inversión tarda cinco, seis o siete años en llegar a la primera cosecha, dependiendo del sistema de implantación y de la variedad utilizada.
-Ahí cambia completamente el horizonte de la inversión.
-Exactamente. Es otro tipo de inversión. Lo mismo pasa con la inversión forestal, que también es de muy largo plazo. Generalmente, lo que son frutos secos y olivos —pistachos, almendros y otras producciones que hoy aparecen cada vez más— necesitan como mínimo entre cuatro y cinco años para obtener la primera cosecha. Y después hacen falta varios años más para recuperar la inversión realizada, porque no solo hay que invertir en la tierra. También hay que invertir en infraestructura, en riego y en tecnología.
Por eso, cuando hablamos del agro en general, muchas veces pensamos solamente en ganadería y en cultivos anuales. Pero hay otro mundo dentro del agro que, en la medida en que las condiciones macroeconómicas se mantengan y la música siga siendo la misma, abre una enorme cantidad de oportunidades para la Argentina. Tenemos ventajas de clima, de suelos y de ubicación geográfica. Entramos en contraestación con los países del hemisferio norte. Somos capaces de proveer nueces, pistachos, aceitunas y otros productos cuando Europa y Estados Unidos no tienen producción.
La paleta de negocios de ADBlick
-AdBlick tiene distintas unidades de negocios. Contame un poco cómo están organizadas y a qué tipo de inversor apuntan.
-Hoy tenemos cuatro unidades de negocios activas. Dos están relacionadas con el sector de granos y oleaginosas y las otras dos con ganadería y olivos. Dentro del negocio de granos tenemos, además del pool de siembra tradicional —que tiene las ventajas y los riesgos propios de la agricultura, porque hay años buenos, años malos y cuestiones climáticas que uno no puede manejar—, una red de agronomías proveedoras de insumos.
Actualmente ya tenemos tres agronomías que son financiadas por inversores que deciden participar en el negocio agropecuario a través de una empresa proveedora de insumos ubicada en el interior, cerca del productor. Comenzamos con ese negocio hace dos o tres años y hoy está en plena expansión.
-¿Cómo desarrollan los planes de negocios en el caso de olivos?
Todos los años evaluamos qué conviene hacer según las condiciones del mercado: elaborar nosotros mismos el aceite o vender la aceituna para que otro la industrialice. Somos proveedores de las principales marcas del mercado. Nos hemos enfocado en producir aceitunas de buena calidad y con buen rendimiento. Afortunadamente tenemos buena demanda y, aunque tanto el precio del aceite como el de la aceituna para conserva son precios internacionales, similares a otros commodities del agro, siempre logramos obtener algún margen adicional gracias a la calidad, al cumplimiento y a la integración comercial que hemos desarrollado con nuestros clientes.