Argentina y Suiza volverán a encontrarse en una Copa del Mundo y el partido recuperará una de las historias más curiosas que dejó Brasil 2014. Aquel día, el papa Francisco quedó simbólicamente enfrentado con los hombres encargados de protegerlo: los integrantes de la Guardia Suiza.
El seleccionado argentino jugará este sábado desde las 22 ante el conjunto europeo por los cuartos de final del Mundial 2026, en el Arrowhead Stadium de Kansas City. El equipo de Lionel Scaloni llegó a esta instancia después de remontar un encuentro inolvidable frente a Egipto, mientras que los suizos eliminaron por penales a Colombia.
El antecedente más recordado entre ambas selecciones ocurrió el 1 de julio de 2014, durante los octavos de final disputados en São Paulo. En las horas anteriores al encuentro, el ambiente dentro del Vaticano estuvo atravesado por las bromas.
Francisco era argentino, futbolero y reconocido simpatizante de San Lorenzo. Quienes garantizaban su seguridad, en cambio, pertenecían al histórico cuerpo militar integrado por ciudadanos suizos. Esa combinación convirtió el partido en un duelo especial dentro de la residencia papal.
Según los relatos de la época, los guardias invitaron al pontífice a acompañarlos durante la transmisión. Francisco respondió con humor y habló de una verdadera "guerra" futbolística, aunque había manifestado que intentaría conservar la neutralidad durante la competencia.
Con el paso de los años comenzó a circular una fotografía histórica que muestra al Papa junto a integrantes de la Guardia Suiza durante aquella jornada. La imagen se convirtió en uno de los recuerdos más emblemáticos del Mundial de Brasil por el simbolismo de ver al pontífice argentino compartiendo el partido con sus custodios suizos.

El encuentro fue cerrado, sufrido y estuvo cerca de definirse por penales. Argentina no encontraba espacios ante una defensa suiza ordenada y el marcador continuó 0 a 0 durante los 90 minutos reglamentarios.
Cuando faltaban apenas dos minutos para terminar el alargue, Lionel Messi avanzó con la pelota y habilitó a Ángel Di María. El rosarino definió de primera y marcó el 1 a 0 a los 118 minutos, un tanto que clasificó al equipo dirigido por Alejandro Sabella a los cuartos de final.
La leyenda cuenta que ese gol también se festejó puertas adentro del Vaticano. Doce años después, Argentina y Suiza vuelven a verse las caras en un Mundial. Esta vez Francisco ya no estará para vivir el partido, pero aquella anécdota sigue siendo una de las historias más entrañables que unió al fútbol con el Vaticano.