En la Copa del Mundo de Estados Unidos, México y Canadá se viven varios 'mundiales'. No estamos hablando únicamente del que lleva al trofeo que alguna vez se llamó Jules Rimet, sino al cruce de marcas por el marketing y la publicidad y a la competencia de la moda de cada futbolista, en este caso, el accesorio principal: los botines.
No es casualidad que los ojos de los televidentes se vayan directo a los pies de los jugadores. En el círculo cromático, el rosa es el opuesto exacto del verde del césped, lo que genera el máximo contraste visual posible. Es por ello que en la era del streaming y los celulares, las marcas deportivas diseñaron apuntaron a una estrategia original para “romper” la transmisión y captar la atención del espectador en segundos.

Aunque muchos piensen que la pausa de hidratación tiene que ver con las altas temperaturas (lo cual es cierto), también hay una guerra de marcas tanto a nivel publicitario en TV como por el color en el campo de juego. A diferencia de otros mundiales donde cada firma buscaba diferenciarse con un tono propio, este torneo desató una coincidencia masiva sin precedentes. Las principales empresas lanzaron sus colecciones bajo la misma premisa cromática:
Puma apostó todo al rosa pleno con su línea Poison Pink.
Nike cubrió los pies de sus estrellas con detalles fucsias intensos en la serie Mad Brilliance.
Adidas sumó la misma gama en su pack oficial para la competencia. El resultado: una marea rosa global que convirtió a los estadios en una pasarela de marketing deportivo.

El fenómeno tiene también un trasfondo psicológico. Los departamentos de desarrollo deportivo descubrieron que los futbolistas asocian los tonos hiperbrillantes con una mentalidad disruptiva y de alta confianza. Sentirse visualmente destacados les aporta seguridad, lo que explica por qué planteles enteros adoptaron la tendencia sin dudarlo. En la Selección Argentina, la marea rosa domina casi por completo el once titular.
La excepción a la regla: el botín del Rey. En medio de este océano cromático, el caso más emblemático es el de Lionel Messi: Adidas diseñó para él los botines El Último Tango, un modelo blanco con detalles celestes y dorados que homenajea sus 20 años de historia mundialista (2006‑2026). Una pieza única que lo desmarca de la tendencia comercial y lo reafirma como figura singular dentro del equipo.
Para el resto de los mortales, el color funciona como lenguaje del poder. El rosa, históricamente asociado a lo suave o lo emocional, se transformó en símbolo de impacto y autoridad visual. En el fútbol moderno, donde cada segundo de pantalla vale millones, el color dejó de ser accesorio: ahora es una herramienta de comunicación directa entre jugador, marca y público.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, prometió más de una vez que este Mundial sería único, no solamente por la cantidad de equipos sino también por el uso de la tecnología, las nuevas reglas, los estadios modernos y la abundante presencia de leyendas del deporte. Lo que no dijo fue que tenía un as bajo la manga con respecto al marketing, en una jugada que sorprendió no sólo al mundo del fútbol, sino también a los empresarios y espectadores.