Un incendio de gran magnitud arrasó unas 1.300 hectáreas del bosque de Fontainebleau, a 70 kilómetros de París, y obligó a desplegar cerca de 800 bomberos, aeronaves especiales y helicópteros para contener las llamas.
El fuego comenzó junto a la autopista A6, una de las principales conexiones entre la capital francesa, Lyon y el sur del país. El humo y la proximidad del frente provocaron cierres viales, mientras otros focos menores generaron demoras en los servicios ferroviarios de alta velocidad.
Entre 800 y 900 personas fueron evacuadas de localidades cercanas. En algunos sectores, las llamas avanzaron hasta quedar a pocos metros de viviendas, aunque por el momento no se informaron muertos ni casas completamente destruidas.

La investigación tomó un giro importante después de que los equipos detectaran alrededor de diez puntos de inicio dentro de un radio de un kilómetro. Algunos focos habrían comenzado casi al mismo tiempo y a ambos lados de la autopista. Dos personas fueron detenidas por su posible relación con el incendio. Sin embargo, todavía no fueron formalmente acusadas y las autoridades no difundieron sus identidades ni un posible motivo.
El operativo incluyó cuatro aviones Canadair, aeronaves Dash con retardante y varios helicópteros. Fue la primera vez que se emplearon aviones de este tipo para combatir un incendio forestal en la región metropolitana de París. Las aeronaves cargaron agua directamente en el río Sena.
Fontainebleau ocupa unas 25.000 hectáreas y rodea uno de los palacios reales más importantes de Francia. Durante siglos fue utilizado como territorio de caza por monarcas y emperadores, entre ellos Luis XIV y Napoleón Bonaparte.
En el siglo XIX, sus paisajes inspiraron a los pintores de la Escuela de Barbizon y dieron origen a uno de los primeros movimientos de protección ambiental del país. Actualmente, forma parte de una reserva de biosfera y recibe millones de visitantes cada año. El incendio se produjo durante la tercera ola de calor del verano europeo. La vegetación seca, las altas temperaturas y el viento facilitaron la expansión de las llamas.

La emergencia francesa coincidió con la tragedia de Almería, en España, donde otro incendio dejó 13 muertos, varios heridos y miles de hectáreas destruidas. Además, durante la última semana de junio se registraron más de 10.000 muertes adicionales en Europa, principalmente entre personas mayores de 65 años, en coincidencia con temperaturas extremas.