Emmanuel Macron presidió este 14 de julio de 2026 el último desfile militar de su mandato en los Campos Elíseos. La ceremonia reunió oficialmente a 6.686 participantes, 315 vehículos, 98 aviones, 33 helicópteros y 193 caballos de la Guardia Republicana. El despliegue, uno de los mayores organizados durante su presidencia, estuvo dedicado al despertar estratégico de Europa y a la preparación de las fuerzas francesas frente a un escenario internacional más inestable. La Fiesta Nacional se convirtió así en una demostración de la capacidad militar que Francia busca consolidar dentro del continente.
Volodímir Zelenski acompañó a Macron en la tribuna de honor junto con dirigentes europeos y representantes de la OTAN. Delegaciones de 36 países participaron en la jornada y alrededor de 500 militares extranjeros vinculados con la Coalición de Voluntarios abrieron la marcha, incluidos efectivos ucranianos. La ubicación de Ucrania al frente del desfile trasladó al terreno ceremonial el compromiso político y militar construido por sus aliados desde el comienzo de la invasión rusa. París presentó la defensa de Kiev como una pieza central de la seguridad europea y no solamente como una respuesta temporal a la guerra.
El desfile estuvo precedido por la cumbre de la Coalición de Voluntarios celebrada el 13 de julio en París. La reunión congregó a representantes de 40 países y avanzó en el fortalecimiento de la defensa antiaérea de Ucrania, además de respaldar una coalición integrada contra los misiles balísticos. Francia, Alemania, Reino Unido, Ucrania, España, Italia, Dinamarca, Países Bajos, Noruega y Suecia participan en esta iniciativa orientada a coordinar capacidades, producción e interceptores. El proyecto busca convertir el respaldo diplomático a Kiev en una estructura defensiva compartida y con mayor autonomía industrial.
La dimensión industrial ocupó un lugar tan importante como la exhibición de tropas y armamento. La experiencia ucraniana frente a los ataques rusos servirá para desarrollar sistemas europeos capaces de detectar e interceptar misiles, mientras los gobiernos intentan acelerar compras conjuntas y ampliar la fabricación de municiones. El despliegue francés también incorporó capacidades terrestres, aéreas y navales, coincidiendo con el cuarto centenario de la Marina de Francia. Sin producción propia y contratos sostenidos, el rearme europeo corre el riesgo de depender de decisiones externas y de recursos que no controla.
Macron utilizó su décimo y último desfile presidencial para condensar la doctrina exterior que impulsó desde 2017. Su proyecto combina el fortalecimiento de las fuerzas francesas, una mayor coordinación entre los países europeos y el respaldo prolongado a Ucrania. El mandatario dejará el poder en 2027 sin posibilidad de buscar inmediatamente un tercer mandato consecutivo, pero con varios programas defensivos todavía en desarrollo. La ceremonia mostró el punto más visible de una estrategia que pretende transformar a Europa en un actor militar con capacidad de decisión propia.

La principal incógnita aparecerá cuando Francia elija al sucesor de Macron en 2027. La continuidad del proyecto dependerá de las prioridades del próximo gobierno francés, de los presupuestos aprobados por los aliados y de la capacidad de sostener acuerdos industriales durante varios años. La coalición antibalística y el refuerzo de Ucrania pueden sobrevivir al cambio presidencial si quedan incorporados a compromisos europeos permanentes. El legado de Macron no se medirá por la magnitud de su último desfile, sino por la capacidad de Europa para mantener el rumbo cuando él ya no ocupe el centro de la escena.