Por primera vez en la historia, la ciencia logró detectar moléculas de azúcar en el espacio interestelar. El histórico hallazgo, publicado en la prestigiosa revista académica Nature Astronomy, proporciona una pista fundamental sobre cómo llegó este componente esencial a la Tierra y abre nuevos caminos para entender la aparición de la vida en nuestro planeta y en otros rincones del universo.
Aunque la ciencia sabe que el azúcar es indispensable para los organismos vivos, recrear en laboratorios las condiciones químicas para que estas moléculas se formen desde cero siempre había sido un fracaso. Ahora, el hallazgo demuestra que el universo tiene su propia receta.

La investigación fue liderada por Izaskun Jiménez-Serra, astroquímica del Centro de Astrobiología de España. Junto a su equipo, utilizó dos potentes radiotelescopios para captar las frecuencias de radio que emiten las moléculas al moverse en las profundidades de la Vía Láctea. El patrón coincidía exactamente con la eritrulosa, un azúcar compuesto por cuatro átomos de carbono, ocho de hidrógeno y cuatro de oxígeno. En la Tierra, este tipo de azúcar es el mismo que se encuentra de manera natural en las frambuesas.
Expertos independientes de instituciones como el MIT confirmaron la solidez de los datos, asegurando que se descartó cualquier tipo de error de medición.
El espacio interestelar (el polvo y gas que flota entre las estrellas) funciona como una gigantesca e impresionante fábrica química. El descubrimiento de la eritrulosa allí confirma que el azúcar puede formarse de manera completamente natural y sin necesidad de vida previa, incluso mucho antes de que se gesten las estrellas y los planetas.
Los científicos estiman que, durante la etapa inicial de formación de la Tierra, impactos de asteroides y cometas podrían haber depositado entre 0,5 y 50 millones de toneladas de este azúcar en nuestro suelo, sirviendo como el "combustible" inicial para la formación del ARN y el ADN. "Si el espacio interestelar es capaz de formar estos componentes, también se los podría encontrar en otras nubes moleculares de la galaxia, lo que aumentaría las probabilidades de que se desarrolle vida en otros sitios", explicó con entusiasmo la doctora Jiménez-Serra.
A pesar de la enorme alegría por el descubrimiento, el espacio dejó planteado un nuevo misterio para los investigadores. Aunque lograron detectar este azúcar de cuatro carbonos, no encontraron una versión más pequeña y simple (de tres carbonos) que lógicamente debería haberse formado antes.