14/07/2026 - Edición Nº1253

Internacionales

Revolución 14 de julio

El golpe militar que acabó con la monarquía de Irak y cambió Medio Oriente

14/07/2026 | La insurrección encabezada por militares puso fin a 37 años de Corona, inauguró una nueva etapa institucional y alteró el mapa geopolítico de Medio Oriente.



La madrugada del 14 de julio de 1958, una columna del Ejército ingresó en Bagdad y ocupó los principales edificios de la capital. En pocas horas, el rey Faysal II fue derrocado y asesinado, la dinastía hachemita perdió el poder y nació la República de Irak.

Aquel levantamiento no fue un episodio aislado. La monarquía había sido establecida en 1921, después de la desaparición del Imperio otomano y mientras el territorio permanecía bajo administración británica. Faysal I fue colocado en el trono y, aunque Irak obtuvo su independencia formal en 1932, Londres conservó una fuerte influencia militar, petrolera y diplomática.


Abd al Karim Qasim saluda a una multitud en Bagdad tras la revolución que proclamó la República de Irak y modificó el equilibrio político regional.

Con el paso del tiempo, amplios sectores sociales comenzaron a considerar que la Corona protegía los intereses extranjeros y beneficiaba a una pequeña élite. La pobreza rural, la concentración de la tierra, la desigualdad y la limitada participación política alimentaron el descontento contra el gobierno.

La tensión aumentó durante la década de 1950. El primer ministro Nuri al Said, una de las figuras más poderosas del reino, impulsó una política cercana a Occidente y sumó al país al Pacto de Bagdad, una alianza creada para frenar la expansión soviética. Para los nacionalistas, aquella decisión demostraba que el Estado seguía sometido a las antiguas potencias coloniales.


Representantes de Irak y Jordania firman el acuerdo que dio origen a la Federación Árabe en 1958, una alianza impulsada pocas semanas antes del golpe militar que puso fin a la monarquía iraquí.

El avance del nacionalismo árabe

Mientras la monarquía perdía respaldo, el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser se convertía en un símbolo regional por su discurso contra el colonialismo. La nacionalización del canal de Suez en 1956 y la posterior ofensiva de Israel, Francia y Reino Unido reforzaron su popularidad.

En febrero de 1958, Egipto y Siria formaron la República Árabe Unida. Como respuesta, Irak y Jordania crearon una federación encabezada por Faysal II, pero el acuerdo no consiguió detener el crecimiento de la oposición interna. Dentro del Ejército, un grupo clandestino inspirado en los Oficiales Libres que habían derrocado a la monarquía egipcia comenzó a preparar una rebelión. Sus principales dirigentes eran Abd al Karim Qasim y Abd al Salam Arif.


Soldados iraquíes permanecen armados entre una multitud durante las jornadas revolucionarias de 1958, que abrieron una etapa dominada por gobiernos militares.

La madrugada que terminó con el reino

En julio, varias unidades recibieron la orden de trasladarse hacia Jordania para respaldar al rey Hussein en medio de la inestabilidad regional. Los conspiradores aprovecharon el movimiento: en lugar de continuar hacia la frontera, las tropas desviaron su recorrido y entraron en Bagdad.

Los rebeldes ocuparon la radio, cortaron las comunicaciones y anunciaron el nacimiento de un nuevo régimen. Otra columna rodeó el Palacio de Al Rihab, donde se encontraba la familia real.

Faysal II, que tenía 23 años, salió del edificio acompañado por su tío, el príncipe heredero Abd al Ilah, y otros familiares. El grupo fue colocado frente a un muro y recibió una descarga de disparos. El rey murió poco después. La eliminación de la familia real selló el final de 37 años de gobierno hachemita.

Nuri al Said logró escapar disfrazado, pero fue reconocido y asesinado al día siguiente. Su muerte terminó de desarticular al antiguo poder político.

Una república marcada por los militares

Qasim asumió como primer ministro y ministro de Defensa, mientras Arif ocupó cargos centrales en el nuevo gabinete. Una Constitución provisional declaró a Irak como república, reconoció a árabes y kurdos como integrantes fundamentales del país y estableció al islam como religión oficial.

El gobierno se alejó de las potencias occidentales, abandonó el Pacto de Bagdad en 1959, fortaleció sus vínculos con la Unión Soviética e impulsó reformas agrarias y medidas para limitar el control extranjero sobre los recursos petroleros.

Sin embargo, la revolución no inauguró una democracia estable. Las disputas entre nacionalistas, comunistas, panarabistas y militares provocaron nuevos enfrentamientos. Qasim fue derrocado y ejecutado en 1963, apenas cinco años después del levantamiento.

La caída de Faysal II modificó el equilibrio regional y abrió una etapa dominada por golpes, gobiernos militares y luchas internas. El 14 de julio de 1958 no solo desapareció una Corona: comenzó un ciclo político que condicionaría la historia iraquí durante décadas.