El Día Mundial del Chimpancé busca advertir sobre el futuro de uno de los animales más cercanos al ser humano. Se estima que apenas quedan entre 172.700 y 299.700 ejemplares en estado silvestre, una cifra mínima frente al cerca de un millón que habría existido a comienzos del siglo XX.
La especie está considerada en peligro de extinción y su población continúa disminuyendo. Los chimpancés ya desaparecieron por completo de cuatro países africanos, mientras que varias comunidades sobrevivientes quedaron aisladas en pequeños fragmentos de bosque. Esa separación dificulta la reproducción, reduce la diversidad genética y aumenta el riesgo de que grupos enteros desaparezcan.
Su principal amenaza es la destrucción del hábitat. La expansión agrícola, la tala, la minería, la construcción de caminos y el crecimiento de las poblaciones humanas transforman los bosques de África occidental y central. Cuando las rutas penetran en áreas antes inaccesibles, también facilitan el ingreso de cazadores furtivos.

Los adultos son asesinados por su carne, mientras que las crías pueden ser capturadas para venderlas ilegalmente como mascotas. Para llevarse con vida a un chimpancé joven, los traficantes suelen matar a su madre y a otros integrantes del grupo que intentan protegerlo. Los ejemplares rescatados necesitan cuidados durante años y muchos nunca pueden regresar a la naturaleza.
Las enfermedades representan otro peligro. Debido a su cercanía genética con las personas, pueden contraer infecciones transmitidas por seres humanos. Brotes como el ébola también provocaron la muerte de miles de grandes simios en distintas zonas del continente.
La fecha recuerda el 14 de julio de 1960, cuando Jane Goodall llegó a Gombe, Tanzania, para estudiar chimpancés salvajes. Este año se cumplen 66 años del comienzo de aquella investigación, que modificó para siempre la ciencia y nuestra manera de comprender a los animales.
Goodall tenía 26 años cuando observó que fabricaban herramientas con ramas para extraer termitas. También descubrió que cazaban, compartían alimentos, cuidaban a sus crías durante años y mantenían complejas relaciones sociales.
Aquellos hallazgos demostraron que no eran criaturas simples, sino animales con personalidades, emociones, memoria, capacidad de cooperación y culturas diferentes según cada comunidad. El trabajo iniciado en Gombe continúa y se convirtió en uno de los estudios sobre animales salvajes más prolongados de la historia.
La conmemoración mundial se realiza desde 2018 para promover su cuidado tanto en la naturaleza como en cautiverio. Proteger a los chimpancés también significa conservar los bosques donde viven, ecosistemas que almacenan carbono, regulan el agua y sostienen a miles de especies.
El desafío no consiste solamente en evitar una extinción. Implica impedir que desaparezca una parte irreemplazable de la biodiversidad y de nuestra propia historia evolutiva.