A las 8:20 de este miércoles 15 de julio, las sirenas volverán a escucharse en distintos puntos de Chipre. El sonido marcará la hora exacta en la que, hace 52 años, comenzó el golpe de Estado que derrocó al presidente Makarios III y abrió una crisis cuyas consecuencias todavía atraviesan a la población.
La conmemoración incluirá ceremonias oficiales y homenajes a quienes murieron durante el levantamiento. Cinco días después, el 20 de julio, las alarmas volverán a activarse para recordar el comienzo de la operación militar turca que consolidó la fractura territorial.
Chipre logró independizarse del Reino Unido en 1960. La nueva Constitución estableció un delicado reparto de poder entre la mayoría grecochipriota y la comunidad turcochipriota, mientras Grecia, Turquía y el Reino Unido quedaron como países garantes del acuerdo.
Sin embargo, la convivencia política comenzó a deteriorarse rápidamente. Una parte del nacionalismo grecochipriota defendía la enosis, el proyecto de unir el territorio con Grecia. Como respuesta, sectores turcochipriotas impulsaban el taksim, una propuesta basada en la partición.
Tanques de la Guardia Nacional frente al Palacio Presidencial de Nicosia durante el golpe del 15 de julio de 1974, que abrió una crisis política y militar cuyas consecuencias todavía dividen a Chipre.Los enfrentamientos entre ambas comunidades aumentaron durante la década de 1960 y provocaron muertos, desplazamientos y la aparición de zonas controladas por cada grupo. En 1964 comenzó a operar una misión internacional para evitar nuevos choques.
La mañana del 15 de julio de 1974, tanques y soldados de la Guardia Nacional rodearon y atacaron el Palacio Presidencial de Nicosia. La operación estuvo respaldada por la dictadura militar que gobernaba Grecia y por organizaciones partidarias de incorporar Chipre al territorio griego.
El principal objetivo era desplazar a Makarios III, presidente del país y arzobispo de la Iglesia Ortodoxa chipriota. Aunque los golpistas anunciaron inicialmente su muerte, el mandatario consiguió escapar del edificio, atravesó las montañas y posteriormente abandonó el país.
En su lugar fue designado Nikos Sampson, un periodista y antiguo integrante de una organización armada nacionalista. Su gobierno duró apenas ocho días, pero el levantamiento desató una transformación que se volvería permanente.
El 20 de julio de 1974, Turquía desplegó aviones, barcos, paracaidistas y tropas terrestres sobre el norte chipriota. Ankara aseguró que intervenía para proteger a la comunidad turcochipriota y restablecer el orden constitucional.
La primera ofensiva permitió establecer una posición militar cerca de Kyrenia. Luego de un breve alto el fuego y del fracaso de las negociaciones, una segunda operación iniciada en agosto amplió el control turco sobre cerca de un tercio de la superficie.
La crisis también precipitó la caída de la dictadura griega. Sampson dejó el poder y Makarios regresó meses después, aunque la distribución territorial surgida durante los combates nunca volvió a modificarse.
Más de 150.000 grecochipriotas abandonaron sus hogares en el norte, mientras decenas de miles de turcochipriotas se trasladaron en dirección contraria. Familias enteras quedaron separadas, numerosas propiedades fueron abandonadas y varias localidades perdieron a casi todos sus habitantes.

Desde entonces, el sur permanece bajo la administración de la República de Chipre, reconocida internacionalmente. En 1983, las autoridades del norte proclamaron la República Turca del Norte de Chipre, reconocida únicamente por Turquía. Ambos sectores están separados por una zona de amortiguación de alrededor de 180 kilómetros, conocida como Línea Verde. La franja atraviesa campos, pueblos y el centro de Nicosia, considerada la última capital dividida de Europa.
En su interior permanece el antiguo Aeropuerto Internacional de Nicosia, cerrado desde los enfrentamientos. La terminal vacía, la torre de control deteriorada y los aviones abandonados se convirtieron en símbolos de un conflicto detenido en el tiempo.
Durante las últimas décadas se abrieron pasos fronterizos y se desarrollaron numerosas conversaciones para reunificar el territorio. Sin embargo, las diferencias sobre la seguridad, las propiedades, la presencia militar y la organización política impidieron alcanzar un acuerdo definitivo.
Medio siglo después, las sirenas vuelven a recordar el momento en que una disputa interna transformó a Chipre en una isla partida por una frontera que todavía sigue en pie.