La medida más comentada de la semana duró veinticuatro horas. El lunes 13 de julio Donald Trump anunció que Estados Unidos sería el "guardián" del estrecho de Ormuz y cobraría un 20% del valor de la carga a los buques que lo cruzaran bajo protección estadounidense. El martes 14 dio marcha atrás. No la eliminó: la canjeó. Trump comunicó que sustituía la tasa por acuerdos comerciales y de inversión que los Estados del Golfo realizarán en territorio estadounidense, tras conversaciones con líderes de la región interesados en invertir miles de millones de dólares.
Un experto del sector había estimado que el cobro podía representar cerca de 200.000 millones de dólares anuales. Esa cifra explica por qué la propuesta duró tan poco: aplicarla significaba cobrarle el peaje a los aliados del Golfo, no a Irán. El canje resolvió el problema político sin resignar la recaudación. Washington retiró el arancel al comercio sin renunciar a cobrar: cambió una tasa de aplicación inmediata por promesas de capital cuyo monto, plazo y firmantes Trump no precisó.
Lo que no se movió fue el resto del dispositivo. El bloqueo naval sobre los buques que entran y salen de puertos iraníes entró en vigor el martes a las 16:00 de Washington, y Trump aclaró su alcance: es total, pero solo para las embarcaciones vinculadas a Irán o a carga iraní. El estrecho, sostiene, queda abierto a todo el tráfico excepto el iraní. No es una medida inédita: Estados Unidos ya había cerrado los puertos de Irán entre el 13 de abril y el 18 de junio, con operaciones que se extendieron desde Medio Oriente hasta el océano Índico.
Mientras la tasa iba y venía, los bombardeos no se detuvieron. Estados Unidos atacó Irán por cuarta noche consecutiva el martes, con buena parte de la campaña concentrada en Sistán y Baluchistán, la provincia del sureste que limita con Pakistán. La agencia estatal iraní IRNA informó que un centro de control de tráfico marítimo en Chabahar fue alcanzado por un proyectil estadounidense. La operación nocturna se extendió siete horas y combinó aviones de combate, drones y buques de guerra lanzando municiones de precisión contra decenas de objetivos.
El miércoles llegó una segunda tanda, esta vez a plena luz del día. El Comando Central informó que completó una oleada de 90 minutos contra sistemas de defensa costera y sitios de almacenamiento y lanzamiento de misiles de crucero en la isla de Gran Tunb, un punto ubicado junto a las rutas de navegación del estrecho. Irán tomó el control de esa isla, de Pequeña Tunb y de Abu Musa en 1971, y Emiratos Árabes Unidos mantiene una disputa territorial sobre ellas. El objetivo declarado, según CENTCOM, fue degradar aún más la capacidad iraní de atacar el transporte comercial en Ormuz.
Las cifras de víctimas que difunde Teherán no tienen verificación independiente. La portavoz del Gobierno iraní, Fatemeh Mohajerani, sostuvo que más de 30 civiles murieron en los ataques de los últimos días contra el sur del país y transmitió las condolencias del Estado a las familias. Las Fuerzas Terrestres informaron la muerte de siete militares de la 388ª Brigada en un cuartel de Bampur, y el Ministerio de Salud elevó a más de 260 los heridos, de los cuales 222 ya recibieron el alta. Irán advirtió que su venganza es inminente.
Teherán extendió la represalia a los países que alojan bases estadounidenses. La Guardia Revolucionaria se atribuyó ataques contra la base de la Quinta Flota en Baréin y contra una instalación logística en Kuwait, y el Ejército reivindicó bombardeos con drones sobre la base jordana de Azraq. Jordania informó que derribó de madrugada tres misiles balísticos ingresados desde territorio iraní, sin heridos ni daños. Baréin y Kuwait emitieron alertas por fuego entrante durante la noche del miércoles.
La amenaza más pesada, sin embargo, fue económica. La Guardia Revolucionaria advirtió que podría frenar todas las exportaciones energéticas de Medio Oriente, no solo el tránsito por Ormuz, y lo resumió en una fórmula: la exportación de petróleo y gas de la región será o para todos o para nadie. Es la primera vez en esta fase del conflicto que Teherán pone sobre la mesa corredores que exceden el estrecho, incluido Bab el-Mandeb, entre el mar Rojo y el golfo de Adén.

La reacción regional fue inmediata. El Consejo de Cooperación del Golfo —Arabia Saudita, Catar, Kuwait, Emiratos, Baréin y Omán— acusó a Irán de arrastrar a todo Oriente Medio al caos con sus ataques contra vecinos árabes y contra Jordania, y pidió a la comunidad internacional medidas prácticas y disuasorias. El bloque europeo del E-3 repudió el bloqueo del estrecho y los bombardeos sobre bases regionales, y exigió retomar las negociaciones. Teherán responde que Estados Unidos es el agresor y no la víctima, según el embajador iraní ante Naciones Unidas, Amir Saeid Iravani.
El mercado ya puso número a la escalada. El Brent, referencia internacional, cotizó el miércoles por encima de los 85 dólares por barril, más de un 15% arriba del nivel previo al inicio de la guerra, aunque todavía lejos de los casi 120 dólares que alcanzó en el punto más álgido del conflicto. El martes había cerrado en su valor más alto desde el 12 de junio. El Fondo Monetario Internacional advirtió que las reservas y la capacidad adicional de producción que habían ayudado a contener los precios se redujeron.
Para la Argentina, ese número corre en dos direcciones a la vez. Un barril más caro mejora los ingresos potenciales de exportación de energía, en particular los que promete el desarrollo de Vaca Muerta. Pero también encarece la energía importada y los combustibles, con el traslado consiguiente a la nafta y al transporte de alimentos. Lo que más complica la planificación no es el nivel del barril sino su volatilidad: un peaje que se anuncia y se retira en veinticuatro horas mueve el precio de referencia sin necesidad de llegar a aplicarse.
Trump anticipó que la próxima escala del conflicto apunta a la infraestructura civil. Declaró a Fox News que la semana entrante vienen las centrales eléctricas y los puentes si Teherán no vuelve a la mesa de negociación, y que los ataques continuarán hasta que él diga basta. Ya había lanzado advertencias parecidas en abril. Fuentes citadas por Axios señalaron que el presidente encabezó una reunión en la sala de crisis para discutir una ofensiva de alcance mayor que los ataques actuales en torno al estrecho.

Los próximos días se juegan en tres frentes concretos. Si el bloqueo se sostiene o vuelve a levantarse mediante un nuevo entendimiento, como ocurrió en junio. Cuántos buques logran cruzar Ormuz y por qué ruta. Y si las amenazas sobre Bab el-Mandeb y el resto de los corredores energéticos pasan del anuncio a los hechos. De esa combinación depende hacia dónde se mueve el precio internacional del crudo, la variable que conecta una guerra a doce mil kilómetros con una estación de servicio argentina.