Francia avanzó hacia una transformación profunda de sus políticas sobre el final de la vida. La Asamblea Nacional aprobó este miércoles un proyecto que permitirá que determinados pacientes reciban una sustancia letal para terminar con padecimientos que ya no pueden ser aliviados.
La iniciativa fue sancionada por 291 votos a favor y 241 en contra, luego de un extenso debate que atravesó al Parlamento, al sistema sanitario, a las organizaciones religiosas y a la sociedad francesa.
El texto establece que la sustancia deberá ser administrada por el propio paciente. Sin embargo, cuando una limitación física lo impida, podrá intervenir un médico o un enfermero.
El acceso estará limitado a personas mayores de 18 años, de nacionalidad francesa o con residencia legal y estable en el país. Además, deberán padecer una enfermedad grave e incurable, potencialmente mortal y situada en una etapa avanzada o terminal.
También tendrán que experimentar un sufrimiento físico o psicológico constante e insoportable, relacionado directamente con esa afección y que no pueda ser controlado mediante tratamientos.
La persona deberá conservar en todo momento la capacidad de expresar una elección libre, consciente e informada. Esto excluye los pedidos realizados por familiares y los casos en los que el paciente ya no pueda manifestar su voluntad.
La solicitud deberá presentarse ante un médico, quien analizará el caso junto con otro profesional y al menos un integrante del equipo sanitario. Si se cumplen todos los requisitos, el paciente tendrá que confirmar su decisión después de un período mínimo de reflexión de dos días.
El consentimiento podrá ser retirado en cualquier momento, incluso cuando el proceso ya haya sido autorizado. Antes de proporcionar la sustancia, los profesionales deberán comprobar nuevamente que la decisión continúa vigente y que no existieron presiones externas.
Los trabajadores de la salud podrán negarse a participar por razones de conciencia. No obstante, estarán obligados a facilitar los datos de otros profesionales dispuestos a acompañar el procedimiento.
Los defensores de la medida sostienen que permitirá recuperar autonomía y dignidad a quienes atraviesan dolores extremos. Los opositores, entre ellos sectores médicos, conservadores y religiosos, advierten que la reforma podría ejercer presión sobre personas vulnerables, ancianas o discapacitadas.

El presidente Emmanuel Macron respaldó la aprobación y destacó que el proyecto fue construido después de años de consultas, diálogo ciudadano y discusión parlamentaria. Hasta ahora, la legislación francesa permitía la sedación profunda y continua hasta el fallecimiento para determinados enfermos, pero prohibía suministrar una sustancia con el objetivo directo de provocar la muerte.
La reforma todavía no comenzó a aplicarse. El texto será examinado por el Consejo Constitucional, que podrá validar la norma, modificar algunos apartados o declarar inconstitucionales determinadas disposiciones. Solo después de esa revisión podrá ser promulgado y reglamentado.