Andy Burnham será proclamado este viernes nuevo líder del Partido Laborista británico y quedará a un paso de convertirse en primer ministro. La conferencia especial tendrá un carácter prácticamente formal, después de que reuniera un respaldo abrumador entre los diputados y quedara sin rivales capaces de disputar la sucesión de Keir Starmer.
El traspaso se completará el lunes. Starmer presentará su renuncia ante el rey Carlos III y el monarca convocará a Burnham para encargarle la formación de gobierno. No será necesaria una elección general: en el sistema parlamentario británico, quien conserva la confianza de la Cámara de los Comunes puede asumir el Ejecutivo. Los laboristas mantienen la mayoría obtenida en 2024.
Burnham, de 56 años, regresó al Parlamento el mes pasado al ganar una elección complementaria en Makerfield, una circunscripción obrera del noroeste inglés. El triunfo le permitió volver a Westminster después de casi una década y aceleró la rebelión contra Starmer, debilitado por su baja popularidad y por el temor de numerosos legisladores a perder sus bancas frente a Reform UK.
El futuro gobernante construyó gran parte de su capital político como alcalde de Greater Manchester, cargo que ocupó desde 2017. Antes había sido diputado por Leigh durante 16 años y desempeñó funciones nacionales como ministro de Cultura y secretario de Salud.
Su apodo, “Rey del Norte”, ganó notoriedad durante la pandemia, cuando enfrentó al gobierno conservador por las restricciones impuestas a Manchester y reclamó mayor asistencia para trabajadores y comercios. Aquella disputa reforzó su imagen como defensor de las regiones industriales frente al poder concentrado en Londres.
Ahora pretende trasladar ese perfil al gobierno central. Su principal promesa es impulsar “el mayor reequilibrio de poder” en la historia moderna del país, mediante una transferencia de atribuciones, recursos e inversiones hacia ciudades y administraciones locales.

El programa contempla viviendas sociales, recuperación de antiguas zonas industriales, mayor intervención pública o municipal en servicios esenciales y apoyo al empleo juvenil. También planteó instalar una estructura gubernamental permanente en Manchester, bautizada informalmente como “Número 10 del Norte”.
El ascenso de Burnham responde, en buena medida, al crecimiento de Reform UK. El partido populista de Nigel Farage encabezó sondeos nacionales durante meses y encontró apoyo en comunidades golpeadas por la desindustrialización, el deterioro de los servicios y el costo de vida.
La estrategia laborista busca recuperar a esos votantes con políticas regionales y resultados concretos, en lugar de competir únicamente con un discurso más duro sobre inmigración o seguridad. Sin embargo, el nuevo jefe tendrá poco margen: la próxima elección nacional debe realizarse, como máximo, en 2029.

También recibirá una economía frágil. La actividad británica creció apenas 0,1% en mayo, mientras la industria y la construcción registraron retrocesos. Ese escenario limitará los planes de inversión y obligará a equilibrar las demandas sociales con las reglas fiscales y la necesidad de sostener la confianza empresarial.
Con Burnham, el Reino Unido tendrá a su séptimo primer ministro en una década, después de David Cameron, Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss, Rishi Sunak y Starmer. La rápida sucesión refleja una etapa de inestabilidad profundizada tras el referéndum del Brexit de 2016.
Su primera prueba será anunciar el gabinete y convertir una propuesta pensada para el largo plazo en decisiones visibles. El laborismo confía en que su popularidad regional alcance para reconstruir al partido. La gran incógnita es si el “Rey del Norte” podrá transformar esa expectativa en una recuperación nacional.