La decisión de Estados Unidos de imponer un arancel adicional del 25% a buena parte de las importaciones brasileñas tiene en el azúcar y el etanol uno de sus efectos más calculados. A diferencia de otros productos que fueron exceptuados por su importancia para el consumo o la industria estadounidense, ambos quedaron expuestos a una barrera que amenaza con reducir su competitividad frente a proveedores alternativos.
La medida no responde únicamente al desequilibrio bilateral. Washington busca obligar a Brasil a revisar el arancel del 18% que aplica al etanol importado y que perjudicó especialmente a los productores estadounidenses. El mensaje es directo: mientras Brasil mantenga cerrado parte de su mercado de biocombustibles, Estados Unidos limitará el acceso de dos sectores agrícolas con peso económico y político dentro del país sudamericano.
El etanol brasileño llega ahora al mercado estadounidense con una carga tributaria que, sumada a los gravámenes existentes, podría alcanzar niveles cercanos al 37,5% en algunos embarques. Aunque Estados Unidos no es el principal destino del producto brasileño, continúa siendo un comprador relevante y un mercado de alto valor para un sector que necesita diversificar sus exportaciones ante el aumento de la producción interna.
La situación del azúcar es igualmente sensible. Brasil domina el comercio mundial gracias a su escala productiva y a sus costos competitivos, pero Estados Unidos mantiene desde hace décadas un sistema de cuotas y barreras destinado a proteger a sus productores. El nuevo arancel profundiza esa protección y expone una contradicción: Washington reclama apertura para su etanol mientras conserva restricciones sobre el azúcar brasileño.

La selección de los productos revela una estrategia política. La Casa Blanca evitó gravar con la misma intensidad aquellos bienes brasileños cuya sustitución podría elevar precios internos, pero mantuvo la presión sobre sectores donde existen productores estadounidenses capaces de absorber parte de la demanda. De esa manera, el costo inmediato recae principalmente sobre las empresas exportadoras brasileñas.

El conflicto, por tanto, supera al azúcar y al etanol. Estados Unidos está utilizando su mercado como instrumento de negociación para modificar decisiones regulatorias y comerciales de Brasil. Brasilia puede responder con medidas recíprocas, pero una escalada aumentaría el daño para ambos países. El resultado dependerá de si las dos mayores economías del continente convierten el enfrentamiento en una negociación o consolidan una nueva etapa de proteccionismo bilateral.