Los partidos decisivos de un torneo de fútbol, tal como será la final del mundo se disputará mañana en Nueva York, se viven con una fuerte carga de ansiedad, alegría y estrés emocional. En personas con antecedentes cardiovasculares o factores de riesgo, este combo puede actuar como el detonante de un evento cardíaco.
Sin embargo, los especialistas advierten que el mayor peligro no es la emoción en sí misma, sino un error común y fatal: minimizar los síntomas y perder minutos decisivos esperando que termine el partido o que el dolor pase solo.
Los datos recolectados en el país exponen con claridad esta problemática. En Tucumán la Red de Emergencias Cardiovasculares atendió a 33 personas con infarto durante un torneo, de las cuales 8 ocurrieron en coincidencia con los días de partido. En Córdoba, por su parte, seis pacientes ingresaron con infarto al Hospital Córdoba dentro de las seis horas posteriores al cierre de un encuentro clave.
Si bien el fútbol no causa directamente el episodio, la alta tensión actúa como disparador en personas predispuestas. Por eso, los médicos insisten en que el infarto no espera al entretiempo.

Durante un partido, es fácil confundir una molestia con "los nervios del juego". Ante cualquiera de las siguientes señales, se debe suspender la actividad, sentarse o recostarse y llamar inmediatamente al sistema de emergencias:
El síntoma más frecuente: Presión o dolor persistente en el centro del pecho que puede extenderse hacia los brazos, hombros, espalda, cuello o mandíbula.
Otras manifestaciones: Falta de aire, sudor frío, náuseas, mareos, debilidad intensa o desvanecimiento.
Consejo médico vital: No es aconsejable trasladar al paciente en un vehículo particular. La atención debe comenzar arriba de la ambulancia.
La atención de un infarto no empieza en el hospital, sino en la calle o en la casa del paciente. La ambulancia actual es mucho más que un medio de traslado; funciona como un centro de diagnóstico móvil capaz de:
Realizar un electrocardiograma inicial.
Evaluar clínicamente al paciente.
Comunicarse con el equipo cardiológico y definir la mejor estrategia de derivación.
En Argentina, debido a las grandes distancias y a la distribución desigual de los centros de alta complejidad (hemodinamia), solo el 30% de los pacientes accede a una angioplastia dentro de los plazos recomendados. El resto suele esperar más de tres horas, un tiempo crítico si se tiene en cuenta que hasta el 40% de las personas fallece antes de llegar al hospital.
Cada minuto sin flujo de sangre implica la pérdida irreversible de músculo cardíaco. Cuando las distancias o los tiempos impiden realizar una angioplastia dentro de los primeros 90 a 120 minutos, entra en juego un tratamiento clave: los fibrinolíticos.
Se trata de medicamentos intravenosos que disuelven el coágulo que obstruye la arteria. En el país se utiliza la tenecteplasa, un fármaco de tercera generación que se administra en una única dosis en menos de diez segundos.
Esta velocidad facilita su aplicación directamente en ambulancias o guardias periféricas, permitiendo estabilizar al paciente antes de trasladarlo a un centro de mayor complejidad. Es lo que la medicina denomina una estrategia farmacoinvasiva.
La disponibilidad de la ciencia es total, pero ninguna medicación puede recuperar el tiempo perdido si el entorno o el propio paciente deciden esperar a que el árbitro toque el silbato final.