Durante la madrugada del sábado 18 de julio de 2026, drones ucranianos impactaron almacenes logísticos de la firma de comercio electrónico Wildberries en las regiones rusas de Tambov y Moscú. El ataque mató al menos a siete operarios y desató incendios en las instalaciones, con un saldo cercano al medio centenar de heridos. Wildberries figura entre las mayores plataformas de venta minorista en línea del país, y sus depósitos concentran a cientos de trabajadores en turnos nocturnos, lo que explica la magnitud del saldo humano.
El bombardeo golpeó infraestructura comercial y no objetivos militares, un rasgo que lo distingue de otros ataques recientes en profundidad sobre territorio ruso. Los centros alcanzados operaban con personal en plena actividad al momento del impacto, lo que multiplicó la exposición de los trabajadores nocturnos. El episodio se inscribe en una campaña ucraniana de golpes cada vez más frecuentes contra la retaguardia rusa durante 2026.
El saldo del ataque fue de al menos siete muertos y cerca de medio centenar de heridos entre las dos regiones golpeadas. En la región de Tambov, el número de heridos rondó los 24; en la región de Moscú, el conteo llegó a 26 afectados. La cifra agregada de alrededor de cincuenta heridos combina ambos focos y no corresponde a una única provincia, un matiz relevante para dimensionar el ataque.
El desfasaje entre los recuentos regionales refleja la dificultad de fijar un balance definitivo en las horas posteriores a un ataque nocturno. Los números de Tambov y de la región de Moscú se difundieron por separado y podían actualizarse a medida que avanzaban las tareas de rescate entre los escombros de los depósitos. Lo que sí quedó establecido desde el primer parte es que las víctimas eran empleados civiles de la logística de comercio electrónico.
En paralelo al ataque contra los almacenes, un dron cayó sobre un depósito de petróleo en Noguinsk, a unos 50 kilómetros del centro de Moscú. El impacto provocó un incendio en las instalaciones de combustible de la zona. El episodio acercó la guerra de drones al perímetro de la capital rusa, una zona que hasta ahora quedaba mayormente al margen de los golpes directos.
La proximidad del depósito incendiado a Moscú marca un dato operativo de peso. Alcanzar infraestructura energética a medio centenar de kilómetros del centro de la capital implica que los aparatos no tripulados ucranianos sortearon las defensas antiaéreas del corazón administrativo de Rusia. El fuego en un almacenamiento de petróleo, además, suma un objetivo de valor logístico y simbólico a la lista de blancos de la retaguardia.

Un ataque separado en la península anexionada de Crimea mató a dos personas y dejó un herido el 17 de julio de 2026. El golpe se produjo mientras la región atraviesa una severa crisis energética provocada por los intensos ataques ucranianos contra sus redes eléctricas y sus refinerías. Los cortes de luz y la escasez de combustible se prolongan en la península sin una fecha de solución.
La combinación de víctimas mortales y colapso energético convierte a Crimea en uno de los puntos más castigados de la retaguardia rusa. Los ataques sostenidos contra la generación eléctrica y el refino de combustible apuntan a degradar la vida cotidiana y la capacidad logística en un territorio que Rusia anexó y considera estratégico. El saldo del 17 de julio se sumó a un cuadro de deterioro que las autoridades locales no lograron revertir.
El 17 de julio de 2026, el Ministerio de Defensa de Rusia confirmó que el país incrementó el volumen de entregas de vehículos aéreos no tripulados a sus tropas para asegurar la superioridad sobre el enemigo. El dato confirma que el arma de bajo costo se volvió central en la estrategia de ambos bandos. Ucrania, en espejo, extendió el alcance de sus propios drones hasta objetivos logísticos e industriales en el interior ruso.
El salto en el uso de aparatos no tripulados redefine la geografía del conflicto. Con drones más numerosos y de mayor autonomía, la línea de contacto deja de ser el único escenario de riesgo y la retaguardia civil pasa a estar expuesta de forma directa. Los almacenes de Wildberries, el depósito de Noguinsk y las refinerías de Crimea son, en conjunto, la prueba de que el costo humano se desplazó hacia blancos alejados del frente.
El patrón del 18 de julio de 2026 muestra una guerra que se libra cada vez más lejos del frente y cada vez más cerca de la vida civil rusa. En una sola jornada, drones ucranianos golpearon almacenes de comercio electrónico en Tambov y Moscú, un depósito de petróleo a 50 kilómetros de la capital y, un día antes, blancos en la Crimea anexionada. La suma de siete muertos en la logística, dos en la península y cerca de cincuenta heridos dibuja un mapa de daño repartido por la retaguardia.
Lo que cambia es el nivel de exposición de zonas que se creían seguras. Que un depósito de combustible arda a medio centenar de kilómetros de Moscú y que la crisis energética de Crimea no encuentre solución marcan un riesgo creciente para la infraestructura civil e industrial rusa. Con el suministro de drones en aumento, la tendencia apunta a más ataques sobre objetivos logísticos y energéticos en las próximas semanas.

El presidente ruso Vladímir Putin ordenó a sus tropas invadir Ucrania el 24 de febrero de 2022. Desde entonces, el conflicto pasó de las batallas territoriales en el este a una fase en la que los drones alcanzan retaguardias civiles e industriales a cientos de kilómetros de la línea de contacto. Los ataques del 18 de julio de 2026 sobre almacenes de comercio electrónico ilustran ese desplazamiento del costo humano hacia objetivos alejados del combate abierto.
El desplazamiento del conflicto hacia la retaguardia también reconfiguró el mapa de riesgo dentro de Rusia. Regiones como Tambov y la propia periferia de Moscú, alejadas de la frontera ucraniana, pasaron a registrar víctimas civiles por impactos de drones. El episodio del 18 de julio de 2026 confirma que ningún nodo logístico o energético del interior ruso queda del todo a salvo de la campaña de ataques en profundidad.
El alcance creciente de los drones ucranianos —que el 18 de julio de 2026 llegaron a un depósito de combustible a 50 kilómetros de Moscú— abre la pregunta de hasta dónde escalará la campaña sobre la retaguardia rusa. Habrá que seguir si los próximos partes oficiales confirman nuevos golpes sobre infraestructura civil e industrial y si la crisis energética de Crimea, sin fecha de solución, se agrava en las próximas semanas.