Dos militares estadounidenses murieron y un tercero permanece desaparecido después de un ataque iraní con misiles y drones contra posiciones ubicadas en Jordania. El episodio profundizó la escalada entre Washington y Teherán, que volvieron a intercambiar bombardeos tras el fracaso del acuerdo provisional de alto el fuego alcanzado un mes atrás.
Las bajas se produjeron el viernes, aunque fueron comunicadas oficialmente durante la jornada siguiente. Con estas muertes, ya son 16 los integrantes de las Fuerzas Armadas estadounidenses fallecidos desde el comienzo de la guerra, mientras más de 420 resultaron heridos.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, homenajeó a los soldados y aseguró que las pérdidas reforzarán la determinación militar de su país. Las autoridades todavía no difundieron las identidades de las víctimas ni precisaron en qué instalación jordana ocurrió el impacto.
La ofensiva no quedó limitada a Jordania. Durante las últimas horas, Kuwait denunció una sucesión de ataques con misiles balísticos y drones, algunos de los cuales fueron interceptados por sus sistemas de defensa aérea.
Una instalación petrolera kuwaití sufrió daños importantes y varios bomberos y trabajadores del sector energético resultaron heridos. Teherán aseguró que también alcanzó un centro de apoyo militar estadounidense en Camp Arifjan y una instalación de radar situada en la base aérea Ali Al Salem.
Irán informó además que atacó la base Sheikh Isa, en Bahréin, donde se encuentran desplegados aviones de combate estadounidenses. También afirmó haber destruido aeronaves en Jordania, aunque esa versión no fue corroborada de manera independiente.
En Arabia Saudita se activaron alertas para que los habitantes de Al Kharj y Yanbu buscaran refugio. La primera zona alberga una base con presencia estadounidense, mientras que la segunda posee una de las principales terminales de exportación de petróleo sobre el mar Rojo.

Los ataques iraníes llegaron después de que Estados Unidos completara su séptima noche consecutiva de operaciones sobre territorio de Irán. Los objetivos incluyeron centros de vigilancia, depósitos subterráneos de armas, infraestructura logística y capacidades marítimas.
En la provincia iraní de Hormozgan, frente al estrecho de Ormuz, los bombardeos dejaron al menos tres muertos y ocho heridos. También fueron dañados dos puentes y un túnel. Las autoridades de Teherán sostienen que alrededor de 50 personas murieron y más de 500 resultaron heridas durante los últimos tres semanas de ataques estadounidenses.
El líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, acusó a Washington de incumplir el acuerdo provisional y advirtió que Estados Unidos pagará un precio más alto por buscar una ampliación del conflicto.

El centro de la disputa es el estrecho de Ormuz, un corredor marítimo por el que habitualmente circula cerca de una quinta parte del petróleo comercializado en el planeta.
Estados Unidos asegura que intenta garantizar la libertad de navegación, mientras Irán sostiene que tiene derecho a controlar el paso de los buques. Ambos bandos atacaron embarcaciones y posiciones vinculadas al transporte energético.
La posibilidad de que la ruta quede bloqueada provocó nuevas subas en el precio del crudo y aumentó el temor a una crisis internacional de abastecimiento. La guerra ya no afecta solamente a Washington y Teherán: amenaza con involucrar directamente a los países del Golfo y golpear a la economía mundial.