Un proyecto de ley presentado en el Senado de la provincia de Buenos Aires propone establecer un nuevo marco regulatorio para la difusión de contenidos sobre salud en redes sociales y plataformas digitales.
La iniciativa, impulsada por la senadora Laura Clark, busca reforzar los mecanismos de protección frente a publicaciones que puedan inducir a errores, promover tratamientos sin respaldo científico o favorecer el ejercicio ilegal de profesiones sanitarias.
La propuesta apunta tanto a influencers como a cualquier persona o empresa que promocione prácticas, tratamientos, productos o servicios relacionados con la salud a través de medios digitales, estableciendo obligaciones de identificación, requisitos de transparencia y un régimen de sanciones.
Según el texto presentado, la iniciativa tiene como finalidad "la protección de la salud pública frente a la difusión digital de contenidos vinculados con prácticas, tratamientos, productos o servicios sanitarios que pudieran inducir a error, desinformación o riesgos para la salud de la población".
Entre los objetivos específicos del proyecto se destacan: proteger la salud pública en los entornos digitales, prevenir la circulación de contenidos sanitarios falsos o engañosos, garantizar mayor transparencia en la publicidad vinculada con la salud, facilitar el acceso a información difundida por profesionales habilitados y combatir el ejercicio ilegal de profesiones sanitarias.
La iniciativa tiene un alcance amplio. Comprendería a todas las personas físicas o jurídicas que utilicen redes sociales, plataformas digitales, servicios de video, transmisiones en vivo u otros medios electrónicos para promocionar, recomendar o difundir contenidos relacionados con la salud humana.
De esa manera, no solo abarcaría a profesionales de la salud, sino también a influencers, creadores de contenido, empresas y cualquier usuario que realice publicaciones promocionales sobre tratamientos, medicamentos, alimentación, salud mental, procedimientos estéticos o suplementos.
Uno de los aspectos centrales de la iniciativa es que incorpora una definición legal de "influencer digital".
Para el proyecto, se considera influencer a toda persona que, mediante redes sociales o plataformas digitales y a cambio de una remuneración, beneficio económico o cualquier expectativa razonable de obtener un beneficio, promocione o recomiende bienes, servicios o tratamientos destinados al público.
La norma también define qué debe entenderse por contenido sanitario y por publicidad sanitaria digital.

Uno de los cambios más importantes que propone la iniciativa alcanza a quienes difundan contenidos atribuyéndose una profesión vinculada con la salud.
En esos casos deberán exhibir de manera clara, visible y accesible: nombre y apellido, profesión, número de matrícula y jurisdicción donde fue otorgada esa matrícula.
El proyecto establece que esa información deberá permanecer visible durante toda la publicación o encontrarse disponible mediante un mecanismo de acceso inmediato para los usuarios.
La iniciativa también incorpora una serie de prohibiciones destinadas a reducir la circulación de información considerada potencialmente riesgosa para la salud.
Entre los contenidos que no podrían promocionarse digitalmente figuran:
Otro de los ejes del proyecto apunta a reforzar la transparencia de los contenidos pagos.
La propuesta dispone que toda publicidad sanitaria digital deberá informar expresamente que se trata de un contenido publicitario o patrocinado, si existe una contraprestación económica, y quién es el anunciante o patrocinador.
El objetivo es que los usuarios puedan identificar con claridad cuándo una recomendación responde a un acuerdo comercial y no exclusivamente a una opinión personal.
En los fundamentos, Laura Clark sostiene que el crecimiento de las redes sociales modificó profundamente la forma en que circula la información vinculada con la salud y que la normativa vigente quedó desactualizada frente a ese escenario.
Como respaldo, cita un estudio de la UNESCO que indica que el 62% de los creadores de contenido digital no verifica la exactitud de la información antes de compartirla, situación que, según advierte, adquiere especial gravedad cuando se trata de recomendaciones médicas, alimentarias o vinculadas con tratamientos.
La senadora también menciona el fenómeno de los denominados "influencers fit" o "healthy", quienes en muchos casos difunden rutinas de entrenamiento, planes alimentarios o consejos sobre salud sin contar con un título habilitante para ejercer esas actividades profesionalmente.