21/07/2026 - Edición Nº1260

Entretenimiento

Animación

Qué pasó con el estudio chaqueño que hizo Patoaventuras, Picapiedras y se vino abajo

21/07/2026 | Rodolfo Mutuverría, el creador de Dibu, pasó por el living de NewsDigitales y nos contó la historia del estudio.



La historia de la animación en Argentina cuenta con capítulos dorados que muchas veces permanecen ocultos para el gran público. Uno de los más fascinantes es, sin duda, el del estudio fundado por Jaime Díaz, un talentoso chaqueño que logró codearse con los gigantes de la industria mundial. Rodolfo Mutuverría, el creador de Dibu, visitó el living de NewsDigitales para repasar la trayectoria de este emblemático espacio en el que trabajó y que posicionó al talento local en lo más alto de las producciones internacionales.

El camino de Jaime Díaz comenzó a tomar fuerza durante la década de los 80, una época en la que consolidó un vínculo cercano con William Hanna y Joseph Barbera. Como recuerda Mutuverría, el fundador del estudio “arrancó en los 80s, era amigo de Bill Hanna o Joe Barbera, creo que de William Hanna. Tras demostrar su valía trabajando en animaciones de gran calibre como Los Picapiedras, los ejecutivos norteamericanos le propusieron radicarse en el exterior, pero su arraigo fue más fuerte y rechazó la idea bajo una premisa muy clara: “Bueno, yo soy argentino, quiero estar en la Argentina”.


El dibujante Armando Dacol junto a Jaime Díaz.

De vuelta en el país, el realizador chaqueño dio forma a una estructura de dimensiones sorprendentes para la época. Mutuverría rememora que “lo interesante del estudio Jaime Díaz era que inmenso”, un lugar ideal donde “se hacían preproducción, storyboards y layouts, se hacían animaciones para series y se hacían historietas también”. La versatilidad del equipo local era tan amplia que bajo ese techo se ilustraban las viñetas de franquicias internacionales sumamente populares como Roger Rabbit, Chip y Dale, Aventureros del Aire y Patoaventuras.

A pesar del enorme esfuerzo de los dibujantes, la estabilidad de la empresa comenzó a tambalearse debido a problemas internos. El creador de Dibu detalla que, aunque “le poníamos mucha onda, mucha garra”, hubo “algunos conflictos internos que llevaron a juicios y cosas que hicieron tambalear al estudio”. Debido a este desgaste, Mutuverría decidió dar un paso al costado porque “necesitaba era renovar el aire y entonces me abrí del estudio antes”, una salida que precedió al cierre definitivo a comienzos de los 90.

Durante sus años de esplendor, el establecimiento funcionó como una factoría clave para las grandes cadenas internacionales de televisión, desarrollando cortometrajes de prueba para evaluar la recepción de la audiencia. “Se hacían dibujos para testeo. Entonces, cuando la gente los aceptaba, bueno, a partir de ahí salían las temporadas”, explica el animador. En este proceso creativo, el equipo argentino dio vida a pilotos: “Hicimos varios (pilotos)... pero el más conocido de todos fue El laboratorio de Dexter.

La lista de éxitos previos a la incorporación de Mutuverría al staff ya demostraba el altísimo estatus del que gozaba el estudio en el mercado global. Los ilustradores locales fueron los responsables de dar vida a clásicos animados inolvidables de la televisión. Según enumera el entrevistado, “antes que yo entrara habían hecho Los Pitufos, Snorkels, Pau Pau, la serie Pac-Man, el del videojuego, Galtar y la lanza dorada, y Los tesoros de Yogi Bear, entre muchas otras producciones de renombre internacional.


El histórico piloto de El laboratorio de Dexter se animó en Argentina.

El proceso de trabajo con los estudios norteamericanos requería de una precisión milimétrica, comenzando con el arribo de las llamadas model sheets (guías de estilo). Mutuverría detalla que en estos documentos viene “la construcción de cómo se arman los personajes para que aprendan a dibujarlo antes que empiece la producción”, incluyendo giros completos de rostro y cuerpo. Una vez dominada la estética, los artistas recibían el material escrito y técnico: “Después llega el guión escrito y el storyboard. Si tenemos que animar nosotros, ya vienen los layouts, o sea, la puesta en escena dibujada”.

Uno de los mayores desafíos técnicos radicaba en la sincronización de los labios con las voces originales en inglés, lo cual se resolvía mediante un ingenioso sistema. “A nosotros nos daban una planilla con toda la vocalización del personaje, el desglose en inglés”, explica el realizador. Para facilitar la tarea a los dibujantes locales, el material venía acompañado por “un código de bocas”, de modo que el animador solo debía colocar el diseño indicado por los especialistas extranjeros logrando que “la sincronización labial fuera perfecta” al reproducir el sonido.


Algunos comics de Patoaventuras se editaron en Argentina en el estudio de Jaime Díaz.

En el estudio trabajaron en series como Fish Police y Max y sus amigos, además de confeccionar “especiales de Navidad para la compañía Rick Reiner. En este entorno, Mutuverría vivió uno de los hitos más importantes de su carrera al dar un salto fundamental en su rol profesional: “Hicimos el largometraje Once Upon a Forest, Había una vez un bosque. Ahí debuté como animador, fue mi primer trabajo como animador”.

Al reflexionar sobre el presente, el artista sostiene que “la animación 2D tradicional sigue siendo igual” y que la tecnología simplemente reemplazó las hojas de papel por “monitores gráficos”. Sin embargo, advierte que los nuevos sistemas informáticos, como el cut out, permiten automatizar procesos creando librerías de gestos que impactan fuertemente en la composición de los equipos de trabajo: hoy una persona puede hacer el trabajo de 40.