El 21 de julio de 2020, en plena negociación de la deuda con los acreedores privados y mientras el Gobierno de Alberto Fernández buscaba reestructurar los compromisos financieros heredados, la entonces vicepresidenta Cristina Kirchner realizó un gesto de respaldo público hacia el ministro de Economía, Martín Guzmán.
A través de sus redes sociales, compartió un video con declaraciones del funcionario y resumió su apoyo con una frase que rápidamente ganó repercusión: "Clarito como el agua".
Seis años después, aquel respaldo aparece como una postal de una relación política que duró poco. Apenas un año más tarde comenzaron los cuestionamientos públicos de Cristina Kirchner hacia la estrategia económica de Guzmán y, con el avance de la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el vínculo terminó completamente quebrado, hasta desembocar en la renuncia del ministro en julio de 2022.
En julio de 2020, el Gobierno nacional atravesaba uno de sus principales desafíos económicos: renegociar cerca de 66.000 millones de dólares de deuda bajo legislación extranjera con los principales fondos de inversión.
Las conversaciones con los acreedores se encontraban en un momento decisivo y el Ministerio de Economía rechazaba las sucesivas contraofertas presentadas por los bonistas, al considerar que comprometían la recuperación económica del país.
En ese contexto, Guzmán concedió una entrevista televisiva en la que defendió la postura oficial y explicó por qué el Gobierno sostenía que no podía mejorar su propuesta.
Cristina Kirchner decidió amplificar ese mensaje desde sus redes sociales. "Clarito como el agua", escribió la vicepresidenta al compartir el video con las declaraciones del ministro, en una de las muestras de respaldo político más explícitas que recibió Guzmán durante su gestión.
Martín Guzmán sobre la deuda externa. Clarito como el agua. pic.twitter.com/y9jqmffxei
— Cristina Kirchner (@CFKArgentina) July 21, 2020
En aquella entrevista, el ministro insistía en que la Argentina buscaba alcanzar un acuerdo sustentable y evitaba plantear la negociación como una confrontación con los acreedores.
"Nosotros no nos queremos pelear con nadie. Venimos a resolver un problema que la economía argentina ya tenía", afirmaba.
También cuestionaba el proceso de endeudamiento iniciado años antes. "Argentina volvió a acceder al mercado de crédito internacional y empezó a endeudarse a tasas del 7% anual en dólares cuando el mundo pagaba tasas cercanas a cero".
Una de las frases que más repercusión tuvo fue: "No hay deudor irresponsable sin acreedores irresponsables", y agregaba que aceptar las condiciones exigidas por los fondos implicaría aplicar un fuerte ajuste: "Aceptar lo que ellos piden significa más desempleo, más angustia para la gente y tener, por ejemplo, que ajustar jubilaciones. Eso es algo que nosotros no vamos a hacer".
Su planteo concluía con un concepto que entonces era compartido por todo el Frente de Todos: "Lo que queremos es no comprometernos a algo que no vayamos a poder cumplir. Eso es un acuerdo sostenible".

Aunque durante buena parte de 2020 el ministro mantuvo el respaldo político del kirchnerismo, esa relación comenzó a resquebrajarse durante 2021.
El punto de inflexión llegó tras la derrota del oficialismo en las elecciones primarias (PASO).
En septiembre de ese año, Cristina Kirchner difundió una extensa carta pública en la que cuestionó con dureza la política económica del Gobierno y apuntó directamente contra Guzmán.
La entonces vicepresidenta sostuvo que el Ministerio de Economía estaba aplicando un ajuste fiscal que perjudicaba la recuperación económica y había afectado el resultado electoral.
En ese texto afirmó que Economía estaba "sentado sobre la caja" y cuestionó la subejecución del gasto público.
Guzmán respondió públicamente rechazando esa interpretación. Explicó que la reducción del déficit obedecía a un aumento de la recaudación y sostuvo que el gasto público, medido en términos reales, había crecido respecto del año anterior.
Ese intercambio marcó el inicio de una disputa que ya nunca volvería a recomponerse.
La negociación del nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional terminó profundizando las diferencias.
Mientras Guzmán defendía un programa que incluía metas fiscales y monetarias para refinanciar el préstamo de 44.000 millones de dólares otorgado durante el gobierno de Mauricio Macri, el kirchnerismo comenzó a cuestionar abiertamente el contenido del entendimiento.
Cristina Kirchner y Máximo Kirchner consideraban que las metas pactadas implicaban un sendero de ajuste incompatible con la recuperación económica.
El entonces ministro, en cambio, defendía la necesidad de reducir gradualmente el déficit fiscal como parte de una estrategia para estabilizar la economía y bajar la inflación. Con el correr de los meses, la relación política quedó prácticamente interrumpida.
El propio Guzmán revelaría posteriormente que, pocos días antes del cierre definitivo del acuerdo con el FMI, Cristina Kirchner y su entorno habían dejado de responder sus llamados y mensajes.
El conflicto alcanzó su punto máximo el 2 de julio de 2022. Ese día, mientras Cristina Kirchner encabezaba un acto en Ensenada, Guzmán publicó en redes sociales la carta con la que anunció su renuncia al Ministerio de Economía.
La decisión sorprendió al propio Gobierno y abrió una fuerte crisis política dentro del Frente de Todos. En los días posteriores se produjo una marcada inestabilidad financiera, con una aceleración de la inflación, una fuerte presión sobre los distintos tipos de cambio y crecientes dudas sobre la continuidad del programa económico.
Así, a seis años de aquel "Clarito como el agua", la relación entre Cristina Kirchner y Martín Guzmán permanece como uno de los ejemplos más representativos de cómo las tensiones económicas terminaron redefiniendo el equilibrio político dentro del Frente de Todos.