Andy Burnham asumió como primer ministro británico y prometió utilizar su llegada al poder como un “punto de quiebre” para un país atravesado por años de inestabilidad política, bajo crecimiento y dificultades para mejorar el nivel de vida de la población.
El dirigente laborista, de 56 años, habló frente al número 10 de Downing Street después de recibir del rey Carlos III el encargo formal de formar gobierno. Sin atril ni apuntes, reconoció el desgaste ciudadano y aseguró que la dirigencia política no había estado a la altura de las necesidades del país.
“Sé que la gente está cansada de la política”, afirmó Burnham, quien prometió medidas inmediatas para aliviar los gastos cotidianos y una estrategia económica de largo plazo que será presentada durante los próximos meses.
Burnham se convirtió en el séptimo jefe de Gobierno británico en diez años, después de David Cameron, Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss, Rishi Sunak y Keir Starmer. La sucesión de líderes se aceleró tras el referéndum de 2016 que determinó la salida del Reino Unido de la Unión Europea y abrió una prolongada etapa de turbulencias políticas, divisiones internas y dificultades económicas.
Su llegada no se produjo mediante una elección general. Burnham fue elegido líder del Partido Laborista después de la salida de Starmer y asumió automáticamente como premier porque la fuerza conserva la mayoría parlamentaria. La oposición ya reclamó que convoque a elecciones para obtener un mandato propio.
El exalcalde del Gran Mánchester anunció que su primera prioridad será terminar con las personas durmiendo en las calles. También adelantó que impulsará la construcción de viviendas públicas, cambios en el sistema de asistencia social y medidas para reducir el costo de vida.
Su proyecto central será un programa de diez años para modificar el modelo económico, descentralizar decisiones y recuperar regiones que, según sostiene, fueron olvidadas por los sucesivos gobiernos.
Una de sus primeras decisiones fue nombrar ministro de Finanzas a John Healey, quien había renunciado semanas atrás como responsable de Defensa por considerar insuficiente el presupuesto militar aprobado durante la gestión de Starmer.
Healey deberá equilibrar las promesas sociales del nuevo Gobierno con el compromiso de aumentar la inversión defensiva y respetar las reglas fiscales. Las primeras declaraciones de Burnham sobre la posibilidad de utilizar los márgenes disponibles dentro de esas normas generaron cautela en los mercados.
El exlíder laborista Ed Miliband quedó al frente de Relaciones Exteriores, mientras que Shabana Mahmood continuó como ministra del Interior, con la tarea de avanzar en las reformas migratorias.
Con un gabinete renovado y la promesa de abandonar las fórmulas tradicionales, Burnham busca recuperar la confianza de una sociedad golpeada por la suba de precios, el deterioro de los servicios públicos y la constante rotación de dirigentes. Su principal desafío será transformar el mensaje de esperanza en resultados concretos sin profundizar el déficit ni provocar una nueva crisis política.