Andy Burnham anunció en su segundo día como primer ministro la eliminación temporal del IVA sobre la electricidad doméstica en Gran Bretaña. La tasa bajará del 5% al 0% desde el 1 de octubre de 2026 y se mantendrá durante los seis meses restantes del actual ejercicio fiscal. El gobierno calcula que la decisión descontará alrededor de £45 del valor anual de referencia utilizado por Ofgem para un hogar típico. El beneficio alcanzará también a usuarios con tarifas fijas, aunque el ahorro concreto dependerá del consumo eléctrico de cada vivienda.
La medida sí tiene un costo oficial: cerca de £850 millones durante 2026-2027. El Tesoro financiará esa suma con la cancelación del programa de identidad digital impulsado por la administración anterior, cuyo presupuesto previsto era de £1.800 millones para tres años. La cobertura presupuestaria presentada alcanza únicamente al período fiscal en curso y cualquier extensión deberá resolverse en el próximo presupuesto. Burnham comienza así con un alivio acotado, financiado y diseñado para producir un efecto visible antes del invierno británico.
La rebaja no beneficiará de la misma manera a todos los hogares. Quienes utilizan electricidad para calefacción, vehículos o bombas de calor obtendrán una reducción mayor porque el impuesto se calcula sobre el consumo. Los hogares que dependen principalmente del gas recibirán un alivio menor y las empresas, salvo pequeños establecimientos y entidades que califican para la tasa doméstica, quedarán fuera. En Irlanda del Norte el IVA continuará vigente por las reglas posteriores al Brexit, pero el Ejecutivo regional recibirá fondos equivalentes para aplicar una ayuda propia.
La eliminación del impuesto tampoco garantiza que la factura final disminuya en octubre. El nuevo límite de precios de Ofgem dependerá de los costos mayoristas y puede absorber parte del ahorro si la energía continúa encareciéndose. El gobierno estima que la medida reducirá alrededor de 0,10 puntos la inflación medida por el IPC y 0,14 puntos el índice minorista, un efecto limitado pero inmediato. Su principal fortaleza política está en la rapidez de aplicación; su límite económico, en que no modifica el costo estructural de generar, importar y distribuir energía.

Burnham utiliza la política energética para marcar desde el inicio una diferencia con Keir Starmer. Su llegada convirtió al exalcalde de Gran Mánchester en el séptimo primer ministro británico desde 2016 y en la sexta persona que entra a Downing Street en una década. Después de años de rotación, el nuevo gobierno necesita combinar alivio social con previsibilidad presupuestaria para no repetir las crisis que debilitaron a sus antecesores. La quita del IVA funciona por eso como una señal de prioridades y, al mismo tiempo, como una prueba temprana de disciplina fiscal.

El verdadero examen comenzará cuando termine la financiación prevista para marzo de 2027. Si el gobierno prolonga la rebaja, deberá encontrar una fuente estable de recursos o incorporar el costo dentro de un presupuesto más amplio revisado por la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria. Si la deja vencer, el alivio habrá servido como puente de invierno, pero no como reforma permanente del mercado eléctrico. Burnham obtiene una primera medida clara y financiada; su capacidad para convertirla en una estrategia sostenible definirá si el giro político supera el impacto inicial.