22/07/2026 - Edición Nº1261

Internacionales

Tensión energética

Cómo la guerra en Medio Oriente puede mejorar las exportaciones de Argentina

22/07/2026 | El crudo cedió este martes, pero la guerra mantiene costos y oportunidades para Argentina



El Brent retrocedía este martes 21 de julio hacia la zona de USD 88, después de cerrar el lunes en USD 89,22. El WTI había terminado la jornada anterior en USD 83,23, en un mercado condicionado por diez días consecutivos de enfrentamientos entre Estados Unidos e Irán. La corrección diaria respondió a la posibilidad de retomar negociaciones, pero no eliminó la prima de riesgo incorporada desde que el tránsito por el estrecho de Ormuz quedó severamente restringido. El petróleo dejó de reaccionar solamente a la oferta y la demanda para quedar subordinado a cada movimiento militar o diplomático.

La moderación del precio no elimina el riesgo sobre las principales rutas energéticas de Medio Oriente. Irán conserva capacidad para interrumpir el tránsito por Ormuz, mientras los hutíes amenazan las exportaciones sauditas que atraviesan el mar Rojo y el estrecho de Bab el Mandeb. Cerca de 2,5 millones de barriles diarios producidos por Arabia Saudita dependen de esa ruta, una exposición que podría multiplicar el costo logístico y reducir la disponibilidad global. La propuesta de una tregua de diez días ofrece una salida temporal, aunque su efecto dependerá de que permita recuperar la circulación marítima y frenar nuevos ataques.

 


Estrecho de Ormuz, paso estratégico entre Irán, Omán y el golfo Pérsico

Un shock desigual

El impacto de la guerra se distribuye de manera desigual entre las potencias y los países ubicados alrededor del Golfo. Kuwait, Bahréin y Arabia Saudita enfrentan amenazas directas sobre instalaciones, puertos y rutas comerciales, mientras Estados Unidos absorbe principalmente consecuencias económicas y militares indirectas. Europa también queda expuesta por su dependencia del gas importado, cuyo precio superó los 59 euros por megavatio hora. Las alianzas estratégicas reducen el aislamiento diplomático, pero no pueden eliminar la vulnerabilidad geográfica de los países próximos al conflicto.

Argentina llega a esta crisis en una posición energética más sólida que la registrada durante etapas anteriores de inestabilidad internacional. El país acumuló un superávit de USD 5.076 millones en el comercio de combustibles y energía durante el primer semestre de 2026, con exportaciones por USD 6.594 millones e importaciones por USD 1.518 millones. Un petróleo más caro puede aumentar el ingreso generado por las ventas de crudo, aunque también encarece las compras invernales de gas natural licuado, electricidad y combustibles. Argentina no es solamente importadora: su condición de exportadora le permite compensar una parte relevante del impacto.


El petróleo cede, pero la guerra sostiene la presión sobre la energía global.

La prueba para Milei

El desafío para Javier Milei consiste en administrar una doble exposición económica y diplomática. Su cercanía con Washington no coloca a Argentina en la misma situación militar que las monarquías del Golfo, debido a la distancia geográfica y a la naturaleza diferente de sus compromisos estratégicos. Sin embargo, el conflicto obliga al Gobierno a preservar margen de decisión frente a una escalada que puede afectar precios, transporte marítimo e inversiones. El alineamiento exterior resulta más sostenible cuando se combina con una evaluación autónoma del interés económico argentino.


Argentina combina mayores exportaciones con importaciones invernales más caras.

El escenario más conveniente para Argentina combina una tregua que estabilice las importaciones con precios todavía favorables para sus exportaciones. Una prolongación de la guerra podría aumentar el costo del GNL durante el invierno, presionar los combustibles internos y elevar la incertidumbre internacional, aunque el superávit energético ofrece un amortiguador que antes no existía. Para Milei, el riesgo principal no es quedar automáticamente desprotegido por Estados Unidos, sino enfrentar una volatilidad capaz de poner a prueba la estabilidad macroeconómica y la flexibilidad de su política exterior. La fortaleza estará en transformar el nuevo peso energético del país en capacidad de decisión.