La muerte de Abderrahim Fakir durante un operativo policial abrió una investigación judicial y provocó una fuerte crisis política en Italia. La primera ministra Giorgia Meloni reclamó que se determinen todas las responsabilidades, pero también condenó los graves enfrentamientos ocurridos durante una protesta en Bolonia.
Fakir, un ciudadano de origen marroquí de 42 años que vivía en territorio italiano desde su infancia, murió el domingo en el barrio Pilastro, ubicado en las afueras de la ciudad. Los agentes habían acudido al lugar después de recibir llamados por un hombre que se comportaba de manera agresiva y dañaba un vehículo.
De acuerdo con la reconstrucción inicial, los policías intentaron calmarlo antes de utilizar gas pimienta e inmovilizarlo para colocarle las esposas. Un video registrado por un vecino muestra al hombre boca abajo, sujetado por dos efectivos, mientras pide ayuda y afirma que no puede respirar. Sus movimientos disminuyen progresivamente hasta que queda inmóvil.
La fiscalía deberá establecer la causa exacta del fallecimiento y determinar si la forma en que fue reducido contribuyó a su muerte. Las autoridades policiales anunciaron que entregarán las grabaciones de las cámaras corporales utilizadas por los agentes, consideradas una prueba central para reconstruir la secuencia completa.
Meloni calificó lo ocurrido como un hecho que debe ser aclarado “sin prejuicios ni indulgencia hacia nadie”. Al mismo tiempo, defendió el principio de presunción de inocencia para los uniformados y cuestionó a quienes utilizaron el episodio para promover ataques contra las fuerzas de seguridad.

Durante una movilización realizada el lunes por la noche, un grupo de manifestantes lanzó botellas, petardos, sillas y otros objetos contra la policía. Los efectivos respondieron con gases lacrimógenos y camiones hidrantes. El balance oficial actualizado informó 64 agentes heridos, seis vehículos policiales dañados y destrozos en comercios, bancos y dependencias públicas.
La muerte de Fakir reabrió una discusión que atraviesa a Italia desde hace décadas. Casos como los de Federico Aldrovandi, fallecido en 2005 después de un control policial, y Stefano Cucchi, muerto bajo custodia en 2009, derivaron en extensos procesos judiciales y reclamos para mejorar los protocolos de detención.
También volvió a quedar bajo análisis el riesgo de mantener durante demasiado tiempo a una persona inmovilizada boca abajo, especialmente cuando atraviesa una crisis física o psicológica. Ahora, la autopsia, los videos y las declaraciones de policías, paramédicos y testigos serán determinantes para establecer qué ocurrió en Pilastro y si existieron responsabilidades penales.