Honorio Henríquez, senador del Centro Democrático, obtuvo 56 votos y fue elegido presidente del Senado para la legislatura 2026-2027. Alfredo Deluque, respaldado por el Gobierno entrante, reunió 45 apoyos. La diferencia no tiene por qué interpretarse como una fractura entre Abelardo de la Espriella y Álvaro Uribe: fue una competencia democrática entre dos candidaturas pertenecientes al espacio político llamado a sostener la transición colombiana.
Abelardo reaccionó sin atacar al Congreso, desconocer el resultado ni responsabilizar a Uribe. El presidente electo afirmó que no llamó a legisladores para exigir votos ni ofreció cargos, contratos o prebendas. También presentó la votación como una demostración de independencia entre los poderes Ejecutivo y Legislativo. Esa conducta le permitió transformar una elección adversa para su candidato en una defensa de la institucionalidad que prometió respetar durante su mandato.
Álvaro Uribe, por su parte, hizo lo que correspondía a un dirigente político: respaldó al candidato del Centro Democrático y defendió el peso parlamentario alcanzado por su organización. Henríquez no llegó como un adversario ideológico del próximo Gobierno, sino como representante de una fuerza de derecha que será fundamental para aprobar reformas sobre seguridad, economía, justicia y recuperación institucional. Su victoria fortalece al uribismo, pero también amplía la base política con la que Abelardo podrá construir mayorías.
La conversación previa entre Abelardo y Uribe demuestra que ambos reconocían la legitimidad de la competencia. Según relató el presidente electo, su mensaje fue que cada aspirante debía conseguir sus votos y que los congresistas debían alcanzar sus propios acuerdos. Esa posición excluyó las imposiciones y permitió que el Centro Democrático defendiera a Henríquez sin convertir la diferencia en una ruptura con el Ejecutivo que asumirá el poder.
Después de la elección, Abelardo llamó a Henríquez, lo felicitó y le deseó éxito. El nuevo presidente del Senado respondió que garantizará los derechos de la bancada de Gobierno, la oposición y los sectores independientes, además de trabajar mediante diálogo y colaboración entre los poderes públicos. Rodrigo Lara, ministro del Interior designado, también reconoció el resultado y declaró que el nuevo Gobierno está listo para trabajar con las mesas directivas del Congreso.
Respeto plenamente la autonomía del Congreso de la República y la independencia de las ramas del poder público. Por eso no llamé a ningún congresista para pedir votos, ofrecer cargos, contratos o prebendas. Hacía más de 30 años no se elegía la mesa directiva del Senado mediante… pic.twitter.com/hAaNCm0OyE
— Abelardo De La Espriella (@ABDELAESPRIELLA) July 21, 2026
La conclusión política no es que Abelardo perdió y Uribe ganó, sino que la derecha colombiana demostró que puede administrar sus diferencias sin destruir su proyecto común. Uribe conservó la autonomía y la representación del Centro Democrático; Abelardo confirmó que no pretende gobernar mediante subordinación parlamentaria. El desafío ahora será convertir esa convivencia en una mayoría capaz de responder a la inseguridad, la pobreza, la crisis fiscal y el deterioro institucional que recibirá el nuevo Gobierno. Desde el propio entorno uribista ya se había pedido apostar por el éxito del presidente electo porque su gestión será también el éxito de Colombia.