La designación de Javier Lanari como director del Banco Nación volvió a poner el foco sobre la particular política de reubicaciones del Gobierno de Javier Milei. El exsecretario de Comunicación y Prensa dejó su cargo luego de la salida de Manuel Adorni y, pocas semanas después, consiguió un nuevo lugar dentro de la estructura estatal.
Lanari no es el único funcionario que encontró una segunda oportunidad tras abandonar un puesto de relevancia. Guillermo Francos, luego de dejar la Jefatura de Gabinete, conservó su lugar en el directorio de YPF, mientras que Lisandro Catalán, exministro del Interior, también mantiene una silla en la petrolera estatal.

Otro caso es el de Demian Reidel, quien dejó la conducción de Nucleoeléctrica Argentina y posteriormente volvió a ocupar un lugar cercano al Presidente como asesor. Su regreso al círculo de confianza oficialista mostró que, aunque poco frecuente, la salida de un cargo no siempre implica el final de la relación con el poder.

La lista de funcionarios que lograron ser reubicados es acotada frente a la cantidad de dirigentes que abandonaron la administración libertaria desde diciembre de 2023. En muchos casos, las salidas terminaron con el alejamiento definitivo del Gobierno y con funcionarios que debieron reconstruir su carrera política o profesional por fuera del Estado.
La diferencia parece estar vinculada al nivel de confianza y al vínculo personal que cada dirigente logró conservar con el núcleo de poder. En el caso de Lanari, su cercanía con Karina Milei y su buena relación con el Presidente facilitaron el desembarco en el Banco Nación, mientras que otros exfuncionarios quedaron rápidamente fuera del esquema oficial.

La política de reubicaciones también expone una contradicción dentro del discurso libertario: mientras el Gobierno cuestiona históricamente la permanencia de las estructuras políticas y promete reducir el peso del Estado, algunos dirigentes que dejan cargos ejecutivos continúan ocupando posiciones estratégicas en empresas públicas u organismos estatales.
Por ahora, el fenómeno alcanza a un grupo reducido de nombres propios. Pero cada nuevo movimiento vuelve a abrir el debate sobre los criterios utilizados por la Casa Rosada para decidir quién conserva un lugar dentro del esquema de poder y quién queda definitivamente afuera.