Cuatro días después de la final del Mundial, la política argentina comienza a recuperar su ritmo habitual. El fútbol todavía ocupa una parte importante de la conversación pública, pero la Casa Rosada volvió a reunir a su mesa política y el Congreso prepara una agenda que empezará a desplegarse durante agosto.
El regreso será gradual. El receso invernal mantiene reducida la actividad parlamentaria y le concede al Gobierno algunas semanas para reorganizarse. Después vendrán las votaciones, las negociaciones con los gobernadores y las diferencias internas que el Mundial logró desplazar momentáneamente.
La Libertad Avanza llega a esta etapa con más fuerza que durante los primeros dos años de gestión. El resultado de las elecciones legislativas amplió sus bloques y redujo la capacidad de la oposición para controlar la agenda. Aun así, el oficialismo continúa necesitando aliados para aprobar sus leyes.
La última sesión del Senado anticipó el problema. El Gobierno pretendía avanzar con la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, pero debió postergar su tratamiento cuando varios aliados rechazaron los cambios sobre la compra de tierras rurales por parte de extranjeros.
El episodio recordó que una victoria electoral puede mejorar la relación de fuerzas sin producir automáticamente una mayoría. Los senadores que acompañan a Milei responden también a gobernadores e intereses provinciales. Cada proyecto obliga a reconstruir los acuerdos.
La discusión provocó además otro enfrentamiento entre Patricia Bullrich y Victoria Villarruel. La jefa del bloque libertario responsabilizó a la vicepresidenta por el desarrollo de la sesión y desde el entorno de Villarruel respondieron que Bullrich había llegado al recinto sin los votos necesarios.
La interna adquiere importancia porque atraviesa el funcionamiento de una Cámara decisiva. Bullrich conduce las negociaciones del oficialismo y Villarruel conserva la administración institucional del Senado. Pueden mantenerse políticamente enfrentadas, pero el Gobierno necesita que esa disputa no interrumpa su agenda.

La principal apuesta de la Casa Rosada será la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. Milei quiere prohibir el financiamiento monetario del Tesoro y convertir en ley una parte central de su interpretación económica: la inflación como consecuencia del déficit y de la emisión.
El proyecto tiene además una intención de permanencia. El Presidente busca establecer límites que alcancen a las próximas administraciones y presentar la estabilidad monetaria como uno de los legados de su gobierno. Para lograrlo tendrá que aceptar modificaciones y reunir una mayoría que todavía no posee.
También siguen pendientes la reforma electoral, un nuevo paquete de desregulación y el Presupuesto 2027. El oficialismo pretende eliminar o volver a suspender las PASO, una decisión que facilitaría la reelección de Milei y complicaría la organización de una oposición que aún no resolvió sus candidaturas.
Toda la agenda legislativa empieza a quedar atravesada por 2027. Karina Milei trabaja en la expansión nacional de La Libertad Avanza y Diego Santilli retomó las conversaciones con los gobernadores. Las provincias pueden aportar los votos que necesita el Gobierno, pero pedirán recursos, obras y acuerdos políticos a cambio.

El retorno de la política cotidiana encuentra al oficialismo en una posición favorable. Tiene más legisladores, conserva la iniciativa y enfrenta a una oposición fragmentada. El peronismo continúa dividido, el PRO oscila entre acompañar al Gobierno y preservar su identidad, y los gobernadores a duras penas intentan construir un espacio propio.
Esa ventaja convive con una dificultad conocida. Milei llegó al poder denunciando las negociaciones, las mediaciones y los acuerdos entre dirigentes. La segunda mitad de su mandato depende cada vez más de esas herramientas.
El Presidente puede fijar el rumbo general, pero alguien tiene que contar los votos, hablar con los gobernadores y decidir qué cambios aceptar. La nueva mesa política busca ordenar esa tarea y evitar que cada sesión termine convertida en una nueva crisis interna.
Terminada la excepcionalidad del Mundial, regresan los artículos discutidos, las concesiones y los conflictos pequeños que deciden la suerte de los grandes programas. Regresa, lentamente, la política cotidiana.