24/07/2026 - Edición Nº1263

Internacionales

Explotación agrícola

Italia y la OIM coordinan controles mientras crece la alarma por el caporalato

24/07/2026 | El arresto de dos empresarios en Aversa reabrió el debate sobre una red ilegal que somete a migrantes a jornadas extremas y salarios mínimos.



Dos empresarios agrícolas del Agro Aversano fueron arrestados el 21 de julio por someter a jornaleros migrantes a condiciones extremas. La inspección detectó trabajadores reclutados en la calle, trasladados en una camioneta y obligados a cumplir turnos de entre 10 y 14 horas por unos 3 euros la hora. No tenían descanso semanal, apenas podían interrumpir la jornada y tampoco podían ausentarse por enfermedad. En algunos casos permanecían en los campos durante la aplicación de pesticidas sin equipos de protección. El procedimiento mostró una cadena de explotación basada en salarios ínfimos, jornadas abusivas y ausencia de garantías laborales.

El caso volvió a exponer el alcance del caporalato, un sistema ilegal de intermediación y organización de mano de obra. El caporal recluta trabajadores, controla su transporte y puede intervenir en el alojamiento o el pago, aprovechando la necesidad económica, el aislamiento y la precariedad migratoria. Las estimaciones más difundidas ubican en unas 240.000 a las personas expuestas al caporalato y otras formas graves de explotación agrícola, casi una cuarta parte del sector; más del 70% serían extracomunitarias y alrededor de 50.000 serían mujeres. La irregularidad administrativa no crea el delito, pero aumenta la dependencia frente a quienes ofrecen trabajo fuera de los controles formales.


 


Italia, país del sur de Europa donde el caporalato atraviesa distintas regiones agrícolas.

Una red de dependencia

La fuerza del sistema está en que el intermediario no controla solamente la contratación. También puede decidir quién viaja hacia los campos, cuánto paga por el traslado, dónde duerme y qué parte del salario conserva, lo que convierte una relación laboral irregular en una estructura de subordinación cotidiana. En Aversa, la mayoría de los trabajadores encontrados eran ciudadanos indios sin residencia regular y estaban expuestos a condiciones climáticas adversas, pausas mínimas y riesgos químicos. Cuando transporte, ingreso y alojamiento dependen de la misma red, denunciar puede significar perder al mismo tiempo el empleo, el techo y la posibilidad de permanecer en el país.

El asesinato de cuatro jornaleros en Calabria el 1 de junio llevó el problema nuevamente al centro del debate italiano. Las víctimas, tres afganos y un paquistaní, murieron quemadas dentro de una camioneta en Amendolara y una quinta persona logró escapar. La investigación judicial vinculó el crimen con una disputa ocurrida en un contexto de hacinamiento, ya que varios trabajadores eran obligados a compartir una habitación, y no estableció que se tratara de una ejecución ordenada por un caporal. El episodio no puede atribuirse automáticamente al sistema de intermediación, pero ocurrió dentro de un entorno marcado por vivienda precaria, dependencia y explotación de mano de obra migrante.


La explotación combina jornadas extensas, salarios reducidos y dependencia del transporte informal.

Controles y límites

Italia dispone de herramientas penales y operativas para perseguir la intermediación ilícita y la explotación laboral. La legislación sanciona tanto a los intermediarios como a los empleadores que aprovechan la vulnerabilidad de los trabajadores, mientras el proyecto ALT Caporalato T.R.E. reúne al organismo nacional de inspección laboral y a la Organización Internacional para las Migraciones. El programa tiene una duración de 24 meses, un financiamiento de 6,8 millones de euros y prevé operativos conjuntos, mediación cultural, formación de agentes y oficinas de información. La investigación de Aversa recibió apoyo de este esquema, lo que muestra una coordinación activa entre inspección, seguridad y asistencia a migrantes.


Los controles buscan identificar abusos laborales y ofrecer asistencia a trabajadores vulnerables.

El desafío no termina con los arrestos porque la explotación se reproduce en los espacios que quedan fuera del contrato formal. Los controles deben alcanzar el reclutamiento, el transporte, la vivienda, la seguridad frente a pesticidas y la posibilidad real de denunciar sin quedar expuesto a represalias o desamparo. En el sector primario, uno de cada cinco trabajadores es extranjero y la mayoría de las empresas cumple la ley, pero una franja del mercado todavía obtiene ventajas mediante costos laborales ilegales. Reducir el caporalato exige sostener inspecciones, regularizar relaciones laborales y separar el acceso al empleo de las redes que controlan cada aspecto de la vida del jornalero.