25/07/2026 - Edición Nº1264

Deportes


Crisis en la Azzurra

Sin Ancelotti ni Guardiola, Andrea Pirlo asoma como candidato para la selección de Italia

25/07/2026 | La leyenda del Milan y Juventus lidera la carrera por dirigir a un equipo que busca reconstruirse tras quedarse afuera en tres Mundiales consecutivos.



La Federación Italiana de Fútbol (FIGC) vive uno de los procesos de búsqueda más incómodos de su historia reciente. Después de la eliminación ante Bosnia y Herzegovina en la repesca, que dejó a la Azzurra sin Mundial por tercera vez consecutiva, la federación salió a buscar un nombre de peso internacional que le devolviera algo de prestigio.

El primero en la lista fue Pep Guardiola, que confirmó que va a respetar su año sabático tras dejar el Manchester City. El segundo intento fue con Carlo Ancelotti, actual seleccionador de Brasil, que también dijo que no: pese a la temprana eliminación de la Verdeamarela en el Mundial 2026, el italiano eligió seguir con su proyecto pensando en la Copa América y en las eliminatorias rumbo a 2030.

Por qué Italia no clasificó al Mundial 

Detrás de esta búsqueda hay una crisis que ya lleva más de una década. Italia, tetracampeona mundial, no juega un Mundial desde Brasil 2014. Se quedó afuera de Rusia 2018 tras perder la repesca ante Suecia, y de Qatar 2022 tras caer ante Macedonia del Norte, otra vez en repechaje. La historia se repitió en marzo de este año: con Gennaro Gattuso al mando, la Azzurra igualó 1-1 ante Bosnia y Herzegovina tras la expulsión de Alessandro Bastoni, y terminó cayendo 4-1 en los penales, con los fallos de Pio Esposito y Bryan Cristante sellando la eliminación. La prensa italiana no perdonó: el Corriere della Sera tituló directamente "apocalipsis", y Gattuso pidió disculpas entre lágrimas, dejando en el aire su continuidad.

La Azzurra de Gennaro Gattuso no pudo quebrar la tendencia de la última década y se quedó sin Mundial. 

Con Guardiola y Ancelotti descartados, el nombre que creció rápido es el de Andrea Pirlo. El campeón del mundo en Alemania 2006 ya tiene charlas avanzadas con la FIGC según La Gazzetta dello Sport, y podría firmar por cuatro años con la mira puesta en el Mundial 2030. Ahora, su historial como entrenador no es precisamente sólido: en la Juventus duró apenas una temporada y cortó una racha de nueve Scudettos seguidos, después pasó por el Fatih Karagümrük de Turquía y la Sampdoria en la Serie B, sin resultados destacados. Hoy dirige al United FC de Emiratos Árabes Unidos.

Otro nombre que suena en los despachos de la federación es el de Roberto Mancini, quien ya llevó a Italia a ganar la Eurocopa 2020 pero se fue en 2023, en medio de una polémica, para asumir la selección de Arabia Saudita. Su regreso sería la apuesta más segura, respaldada por resultados concretos, aunque también arrastra resistencias internas por cómo se dio esa salida.

El Kun Agüero y Roberto Mancini, una dupla que le dio al Manchester City el campeonato que rompió una sequía de 44 años, en una de las mejores definiciones de la historia (Foto archivo). 

Hay un factor extra futbolístico que pesa en la decisión: Luciano Buonfiglio, presidente del CONI, dijo públicamente que el próximo entrenador debería ser italiano, en línea con la tradición de técnicos exitosos que tuvo el país. Esa postura le resta chances a cualquier perfil extranjero y, de paso, empuja las candidaturas de Pirlo y Mancini por encima de otras que podrían aparecer desde el mercado.

El desafío para quien termine asumiendo no pasa solo por los resultados inmediatos. Italia necesita reconstruir una estructura futbolística que arrastra errores de gestión, falta de recambio generacional y una desconexión que se repite en los partidos que importan. La Eurocopa 2028 va a ser la primera gran prueba, aunque el objetivo real, aunque nadie lo diga en voz alta, es volver a estar donde estaba antes del Mundial de 2030.

Por ahora, la definición está cerca. Si las negociaciones con Pirlo no se complican, la FIGC podría anunciarlo en los próximos días. Será, de cualquier forma, una apuesta arriesgada: apostar a una gloria del pasado para tratar de torcer un presente que al fútbol italiano cada vez le cuesta más explicar.