El 27 de julio de 1953, representantes del Comando de las Naciones Unidas, Corea del Norte y las fuerzas chinas firmaron en Panmunjom el armisticio que detuvo los combates de la Guerra de Corea. El cese de hostilidades entró en vigor esa misma noche, después de tres años de una guerra que había comenzado con la invasión norcoreana del sur el 25 de junio de 1950.
El documento no fue un tratado de paz, sino una suspensión militar de las operaciones. Un armisticio congela los enfrentamientos y fija reglas para evitar su reanudación, pero no resuelve las causas políticas del conflicto. Por eso, la guerra quedó detenida sin una solución definitiva y la península continuó dividida entre dos Estados enfrentados.
El acuerdo estableció una línea de demarcación militar y una zona desmilitarizada de aproximadamente cuatro kilómetros de ancho. Esa franja, conocida como DMZ, separó a las fuerzas de Corea del Norte y Corea del Sur y se transformó en una de las fronteras más vigiladas y militarizadas del mundo.
También creó mecanismos para supervisar el alto el fuego, investigar posibles violaciones y organizar la devolución de los prisioneros. Las negociaciones habían comenzado en 1951, pero se prolongaron durante dos años por las disputas sobre la repatriación de combatientes que no querían regresar a sus países de origen.

El gobierno surcoreano de Syngman Rhee rechazó el armisticio porque aspiraba a continuar la guerra hasta reunificar toda la península bajo su autoridad. Corea del Sur no firmó directamente el documento, aunque quedó protegida por sus disposiciones y aceptó el nuevo equilibrio militar respaldado por Estados Unidos.

El armisticio frenó una guerra devastadora, pero no produjo una paz permanente. La conferencia política posterior fracasó y nunca se firmó un tratado que sustituyera el acuerdo de 1953. Setenta y tres años después, las dos Coreas siguen separadas por la misma estructura militar nacida en Panmunjom, prueba de que aquel 27 de julio terminó la batalla, pero no el conflicto.