27/07/2026 - Edición Nº1266

Opinión


Debate cultural

Danann no entendió a Supergirl: ¿por qué la crítica tradicional extraña las estatuas de bronce?

25/07/2026 | El tropiezo comercial del filme de DC reavivó una discusión sobre la deconstrucción del superhéroe y la vara con que se lo mide.



La película llamada “Supergirl” protagonizada por Amelia May Alcock más conocida como Milly Alcock es una de las grandes apuestas de DC para este 2026. Lo que llama la atención de esta película es justamente su apuesta a una deconstrucción del héroe.

Pero: ¿que es deconstrucción? El filósofo Jacques Derrida, dirá que es un análisis que desarma textos o conceptos para mostrar sus contradicciones internas y justamente en esas contradicciones se mueve esta nueva película.

 


Estados Unidos es un país de 50 estados que ocupa una extensa franja de América del Norte, con Alaska en el noroeste y Hawái que extiende la presencia del país en el océano Pacífico.

Lo interesante es cómo voces como la de Emmanuel Danann -mediático e influencer de opinión en YouTube y redes sociales- han catalogado la última película de Supergirl como una "degradación" del mito del superhéroe. En su análisis, titulado «SUPERGIRL: EL FRACASO QUE TODOS VIMOS VENIR», el diagnóstico de esta corriente es claro: mostrar a la protagonista apática, vulnerable o consumiendo alcohol en pantalla sería una prueba irrefutable de la "decadencia moral" del género. Sin embargo, esta lectura no solo es simplista, sino que yerra en el diagnóstico fundamental: mide una narrativa posmoderna sobre la sobrevivencia con la vara obsoleta del héroe inmaculado de los años cincuenta.

Partamos de la trama. La película (y el cómic de Tom King en el que se basa, Woman of Tomorrow) comienza con Kara celebrando su cumpleaños número 21 en un planeta bajo un sol rojo: el único lugar donde pierde sus poderes y puede, al fin, embriagarse para adormecer temporalmente el dolor y la pena por la pérdida de Krypton.

Esto no es una "vida de juerga", como sugiere Emmanuel Danann: es la representación de un trauma no procesado. Kara no es una "pendeja que quiere emborracharse", es una superviviente que carga con la culpa de haber presenciado la destrucción de su mundo y de toda su gente siendo plenamente consciente. 


Supergirl deconstruye al héroe perfecto mediante trauma, duelo y vulnerabilidad.

Podríamos incluso argumentar que la película se queda deliberadamente en la contención. Frente a la tentación fácil del viaje psicodélico o el delirio onírico -recursos narrativos legítimos para explorar la psique-, la obra de King y su adaptación optan por el retrato más cruel y realista del trauma: la embriaguez solitaria, la apatía y la rabia contenida. No hay un 'viaje de hongos' que explique su dolor; hay algo mucho más incómodo para el espectador conservador: el silencio de una mujer que ha visto arder su planeta y que, aun así, se levanta al amanecer no para salvar al mundo, sino para honrar una promesa hecha a una niña que también perdió todo. Eso, en el panteón del héroe de los 50, resulta incomprensible, porque allí el héroe siempre encuentra la respuesta adecuada; aquí, la heroína apenas encuentra la fuerza para seguir respirando.

Emmanuel Danann idealiza la premisa de la película de Supergirl de 1984 (salvar el mundo) como un ejemplo de lo que 'debe ser' una heroína. Sin embargo, ignora que esa producción fue un rotundo fracaso crítico y de taquilla precisamente porque su premisa genérica no lograba sostener un personaje vacío. La nostalgia por un envase no debe confundirse con la calidad del contenido.

Tanto quien no vio la película como quien la vio sin entenderla puede pensar que la trama es 'salvar a un perro'. Danann cae en ambos errores porque la misión es mucho más que salvar a un perro: La búsqueda del antídoto para Krypto(el perro) es el detonante de la trama, pero no es el objetivo final. Kara(Supergirl) se une a Ruthye, una joven alienígena que busca vengar la muerte de su padre a manos del villano Krem. La película, como el cómic, es una historia sobre el duelo, la venganza y la justicia. 


La película presenta a Kara como superviviente, no como una heroína degradada.

Danann se queda atrapado en la anécdota superficial porque su marco de lectura -heredero del héroe inmaculado- no le permite interpretar símbolos; exige hechos grandiosos (salvar la ciudad), no metáforas existenciales (salvar el único vínculo con un hogar perdido). Para él, el perro es un objeto; para Kara, es la memoria encarnada de Krypton. Reducirla a "salvar a un perro" es como decir que John Wick es una película sobre un tipo que se enfada porque matan a su perro. Es cierto, pero se pierde todo lo demás.

Por último, Krypto no es una mascota cualquiera; es el "último vínculo con Krypton" que le queda a Kara. En el comic, Krypto ni siquiera es envenenado; esa es una adición de la película para humanizar aún más a Kara y darle una urgencia temporal. Es decir, el guionista no "degradó" a la heroína, sino que encontró un recurso narrativo clásico (la cuenta atrás) para obligarla a enfrentar su pasado mientras corre contra el reloj. Su envenenamiento no es un capricho, sino un ataque a su última conexión con su hogar y su identidad, lo que eleva las apuestas personales de la historia. 

Una vez presentada la trama, regresemos a la deconstrucción. El trabajo de King, el de los cómics, se caracteriza por explorar superhéroes que son tan defectuosos y atormentados como el individuo común. Supergirl: Woman of Tomorrow es parte de esta "deconstrucción al por mayor del género de superhéroes", donde se cuestiona la expectativa de pureza moral y se lleva a los héroes a una ambigüedad.


Influencer Emmanuel Danann.

Entonces, ¿por qué la crítica tradicional añora con tanta virulencia esa estatua de bronce inmaculada? ¿Qué hay detrás de esa furia que no es simplemente un desacuerdo estético?.

En primer lugar, la estatua de bronce cumple una función psicológica de refugio. El héroe clásico (el Superman de 1978, el Capitán América de los años 40) es un ancla moral en un mundo percibido como caótico. Su bondad es inquebrantable, su juicio es infalible. Exigir que el héroe sea así no es una preferencia narrativa; es una necesidad de seguridad. Cuando Supergirl aparece dudando, bebiendo o mostrándose apática, lo que se tambalea no es un personaje de ficción, sino la certeza de que el poder absoluto viene siempre acompañado de una claridad moral absoluta. Esa objeción, en el fondo, no parece dirigirse tanto a Kara como personaje, sino a la idea de que un ser divino pueda ser humano: si un dios puede tener estrés postraumático, el orden cósmico que esa lectura presupone se desmorona.

En segundo lugar, está la función pedagógica y ejemplarizante que la crítica tradicional le otorga al género. Para ellos, el superhéroe no es un sujeto literario para ser analizado, sino un manual de buenas costumbres para las nuevas generaciones. Quieren que Supergirl sea un "role model" limpio, porque conciben el arte como una extensión del adoctrinamiento cívico. Sin embargo, esta mirada es profundamente paternalista: exige que la heroína sea perfecta para que las niñas puedan imitarla, sin entender que el verdadero aprendizaje no nace de la imitación de una deidad, sino de la identificación con un ser que, a pesar de sus grietas, elige seguir adelante. La crítica tradicional no quiere un espejo donde reflejar la fragilidad humana; quiere un altar donde venerar una idealización hueca.

Por último, y quizás lo más determinante -sin pretender psicoanalizar a Danann, sino señalar un patrón que se repite en este tipo de lecturas-, aparece el pánico a la vulnerabilidad femenina. En el imaginario que sostiene esa crítica, el poder masculino debe ser estoico, impasible y frío (piénsese en el Batman de Nolan o el Superman de Snyder). Cuando una mujer con el poder de un dios se permite mostrar fragilidad, embriaguez o rabia contenida, la crítica tradicional la etiqueta automáticamente como "débil" o "degradada". No porque la historia lo sea, sino porque rompe el molde de lo que ellos consideran un "líder" o un "guerrero". La estatua de bronce que extrañan no es solo la del héroe perfecto; es la estatua de una feminidad dócil, controlada y que no incomoda. Supergirl incomoda precisamente porque su dolor no pide permiso para existir.

Así pues, cuando Emmanuel Danann clama contra la "degradación" de Supergirl, esa objeción termina clamando, en el fondo, contra la complejidad de la condición humana: admitir que el poder divino pueda albergar una psique rota obligaría a replantear todo un sistema de creencias sobre el heroísmo, el género y el propósito del arte. Frente a esa revelación, solo caben dos caminos: el silencio reflexivo o el berrinche moralista. La crítica de Danann, lamentablemente, transita el segundo.