Los hutíes volvieron al centro de la tensión internacional después de atacar dos petroleros sauditas, anunciar un bloqueo naval contra Arabia Saudita y amenazar el tránsito por el estrecho de Bab el Mandeb. La ofensiva provocó desvíos de embarcaciones, presionó el precio del petróleo y llevó a Donald Trump a prometer represalias contra Irán, principal aliado externo del movimiento.
Su nombre oficial es Ansar Allah, que significa “Partidarios de Dios”. Surgieron durante la década de 1990 en el norte de Yemen como un movimiento religioso y político vinculado con el zaidismo, una rama del islam chiita presente históricamente en esa región.
El grupo tomó su denominación de Hussein al Houthi, dirigente que encabezó una rebelión contra el Gobierno yemení y murió durante combates en 2004. Tras su fallecimiento, la organización continuó creciendo bajo el liderazgo de su familia y protagonizó sucesivas guerras contra las autoridades centrales.

En 2014, los hutíes aprovecharon la debilidad institucional de Yemen, ocuparon Saná y desplazaron al Gobierno reconocido internacionalmente. Su avance provocó la intervención de una coalición encabezada por Arabia Saudita en marzo de 2015.
La guerra convirtió al país en una de las mayores crisis humanitarias del planeta. A pesar de años de bombardeos, bloqueos y enfrentamientos, los hutíes conservaron la capital y amplias zonas del norte y oeste, donde construyeron una administración propia y reforzaron su capacidad militar.
Irán les proporcionó respaldo político, entrenamiento, tecnología y componentes para fabricar drones y misiles. Sin embargo, el movimiento posee raíces locales, objetivos propios y no responde automáticamente a cada decisión tomada en Teherán.
Desde 2023, los hutíes multiplicaron sus ataques contra barcos en el mar Rojo y afirmaron que buscaban presionar a Israel por la guerra en Gaza. Sus operaciones obligaron a numerosas navieras a rodear África para evitar Bab el Mandeb, aumentando tiempos, seguros y costos de transporte.

La nueva ofensiva amplió los objetivos hacia embarcaciones vinculadas con Arabia Saudita. El riesgo es especialmente grave porque Riad utiliza puertos del mar Rojo para exportar petróleo sin atravesar Ormuz, afectado por el conflicto entre Estados Unidos e Irán.
Así, una organización nacida en las montañas yemeníes logró transformarse en una fuerza capaz de alterar mercados, desafiar potencias militares y poner bajo amenaza rutas centrales para la economía global.