Cada vez menos argentinos logran acceder a una jubilación. Después del cierre de la moratoria previsional, las nuevas altas caerían cerca de un 45% respecto de 2024, según un informe elaborado por el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) con datos oficiales de la Subsecretaría de Seguridad Social.
La explicación no está en una mejora del mercado laboral ni en una menor cantidad de personas que llegan a la edad de retiro.
El principal motivo es que miles de trabajadores no reúnen los 30 años de aportes exigidos por el sistema y, tras el vencimiento de la moratoria, ya no pueden acceder a una jubilación contributiva.
Los datos muestran un cambio marcado. En 2024 se otorgaron unas 425.000 altas previsionales, de las cuales 105.000 correspondieron a jubilaciones con aportes y cerca de 320.000 a beneficios obtenidos mediante la moratoria o la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM).
En 2025 las altas comenzaron a descender. Se registraron alrededor de 361.000 nuevos beneficios, mientras que para 2026 la proyección es de apenas 233.000 altas, prácticamente la mitad que dos años atrás.

El informe señala que las jubilaciones con los 30 años de aportes prácticamente no cambiaron. Se mantienen estables en torno a 110.000 nuevas altas por año.
La diferencia aparece entre quienes no lograron completar los años de aportes requeridos. Mientras estuvo vigente la moratoria, podían regularizar los períodos faltantes y acceder a una jubilación. Con el cierre de ese régimen, esa posibilidad desapareció.
Hoy, la principal alternativa para quienes no reúnen los aportes necesarios es la PUAM, que puede solicitarse a partir de los 65 años y equivale al 80% de la jubilación mínima.

Para IDESA, el fenómeno está estrechamente vinculado con el deterioro del empleo formal.
Entre noviembre de 2023 y abril de 2026 se perdieron alrededor de 255.000 puestos de trabajo registrados en empresas privadas, mientras que el empleo informal habría crecido en unos 450.000 trabajadores.
Eso explica por qué la desocupación no aumentó en la misma proporción que cayó el empleo formal: muchas personas encontraron ocupaciones, pero fuera del sistema registrado y, por lo tanto, sin realizar aportes jubilatorios.
El problema no sólo afecta los ingresos actuales de esos trabajadores, sino también sus futuras posibilidades de acceder a una jubilación.

El informe advierte que, si esta tendencia continúa, una mayor proporción de los futuros adultos mayores dependerá de la PUAM o accederá a jubilaciones mínimas.
Incluso quienes hoy realizan aportes muchas veces lo hacen a través del monotributo, un esquema que generalmente deriva en haberes previsionales cercanos al mínimo.
Por eso, según IDESA, el deterioro del mercado laboral tiene un doble impacto: empeora los ingresos de los trabajadores en el presente y también reduce la calidad de las jubilaciones que percibirán en el futuro.
A partir de estos datos, el instituto sostiene que el desafío excede la discusión sobre las moratorias. Considera que la Argentina necesita generar más empleo formal para ampliar la base de aportantes y garantizar la sustentabilidad del sistema previsional.
En ese marco, plantea avanzar con reformas laborales, tributarias y previsionales que incentiven la creación de empleo registrado y establezcan un esquema en el que las prestaciones guarden una mayor relación con los aportes realizados durante la vida laboral.