El lanzamiento en salas de la adaptación live-action de Moana no logró despegar comercialmente tras su debut el pasado 9 de julio. La superproducción encabezada por Dwayne Johnson se perfila como un tropiezo financiero de gran magnitud para los estudios Disney, con proyecciones de analistas especializados que auguran balances en rojo hacia el final de su recorrido en carteleras. Diversos reportes del sector estiman que la película podría acarrear un déficit de entre 100 y 125 millones de dólares para la compañía, e incluso superar los 140 millones en el peor de los escenarios.
El rendimiento en taquilla ha quedado severamente por debajo de los pronósticos iniciales de la industria durante sus primeras semanas de exhibición. Con un fin de semana de estreno que apenas cosechó 43 millones de dólares en el mercado norteamericano y un acumulado global de 95 millones en ese mismo período, la cinta mostró signos claros de debilidad. Hacia finales de julio de 2026, la recaudación internacional alcanza cerca de 228 millones de dólares, una cifra sumamente lejana de los 250 millones proyectados como techo o del punto de equilibrio necesario para amortizar su producción.
Los presupuestos de la cinta alcanzaron aproximadamente 250 millones de dólares en costos directos de filmación, sumados a unos 145 millones adicionales destinados a la campaña de promoción global. Gran parte de esta abultada inversión se atribuye a los abonos salariales de la estrella principal y al intensivo trabajo de efectos visuales requerido para recrear el entorno oceánico y los elementos de fantasía.
El desempeño del largometraje evoca comparaciones inmediatas con el flojo rendimiento registrado por la adaptación de Blanca Nieves el año anterior, la cual debutó con 42 millones de dólares a nivel doméstico y 87 millones en el resto del mundo. No obstante, las razones detrás del desinterés del público difieren entre ambos proyectos: mientras que la anterior falló por la desconexión generacional con una propiedad antigua, en esta ocasión la falta de tracción se vincula con la prematuridad de apelar a la nostalgia de una obra cuyo éxito animado original es demasiado reciente y cuya secuela animada batió récords hace poco tiempo.
Recordemos que la película de 2016 fue un gran éxito, con un presupuesto que rondó los 175 millones y le valió ganancias superiores a los 683. Casi una década más tarde llegó la secuela que, a pesar de no tener el mismo impacto crítico, se llevó más de mil millones en la taquilla mundial. Con ese precedente, Disney tenía otras expectativas para este live-action que no logró surfear en los cines del mundo.