27/07/2026 - Edición Nº1266

Internacionales

Seguridad israelí

Benjamin Netanyahu y Bennett coinciden en un punto clave: seguridad antes que concesiones

27/07/2026 | El ex primer ministro sostiene que la normalización regional no debe imponer riesgos estratégicos a Israel.



Naftali Bennett reafirmó su rechazo a la creación de un Estado palestino y a cualquier nueva entrega territorial. La definición coloca la seguridad nacional en el centro de su propuesta electoral y confirma que el debate israelí no se limita a la continuidad de un gobierno, sino que incluye las condiciones mínimas para evitar otra estructura hostil junto a sus principales ciudades. La posición parte de una premisa favorable a la defensa israelí: ningún acuerdo diplomático puede obligar al país a aceptar riesgos que luego deba enfrentar militarmente. Israel conserva el derecho soberano de establecer qué condiciones resultan compatibles con la protección de su población.

La postura adquiere una dimensión regional porque Arabia Saudita mantiene la creación de un Estado palestino como condición para normalizar sus relaciones con Israel. Ese requisito enfrenta dos concepciones distintas de la paz: Riad busca una solución territorial previa, mientras una parte importante del sistema político israelí exige garantías de seguridad antes de avanzar. Tras los ataques del 7 de octubre de 2023 y la prolongada confrontación con organizaciones armadas, Israel considera que reconocer una nueva soberanía sin instituciones estables, desarme efectivo y control fronterizo podría ampliar la amenaza en lugar de resolverla.

 


Israel

Seguridad antes que concesiones

El argumento de Bennett fortalece el derecho de Israel a determinar por sí mismo qué condiciones resultan compatibles con su supervivencia. Un Estado palestino no sería solamente una fórmula diplomática, sino una entidad con territorio, autoridades, fronteras y capacidad para establecer alianzas. Sin mecanismos verificables que impidan el ingreso de armas, el fortalecimiento de grupos extremistas o la construcción de infraestructura militar, cualquier concesión puede generar una vulnerabilidad difícil de revertir. La cautela israelí no representa un rechazo automático a la paz, sino la exigencia de que esa paz sea operativa y verificable.

La normalización con Arabia Saudita continúa siendo valiosa, pero no debería convertirse en un instrumento para imponer decisiones territoriales a Jerusalén. Los Acuerdos de Abraham demostraron que Israel puede construir relaciones con países árabes mediante intereses compartidos en comercio, tecnología, defensa y contención de amenazas regionales. Una relación con Riad tendría un alcance todavía mayor, aunque su sostenibilidad dependerá de que ambas partes obtengan beneficios estratégicos reales. Condicionar todo el proceso a una solución inmediata del conflicto palestino entrega a ese expediente capacidad de veto sobre una alianza regional potencialmente transformadora.


Bennett coloca la seguridad territorial en el centro de su plataforma política.

Consenso de defensa

La declaración también muestra que la seguridad mantiene un peso transversal en la política israelí. Bennett compite electoralmente contra Benjamin Netanyahu, pero coincide con el actual primer ministro en rechazar que actores externos dicten la creación de un Estado palestino. Esa convergencia indica que la discusión excede las diferencias partidarias y responde a una preocupación extendida dentro de Israel. El liderazgo puede cambiar, pero la demanda de controles territoriales, desmilitarización y capacidad de respuesta conserva respaldo político.

Israel puede buscar nuevos acuerdos regionales sin renunciar a establecer sus propios límites de seguridad. Una paz duradera necesita reconocimiento mutuo, cooperación económica y canales políticos, pero también instituciones capaces de impedir que territorios evacuados terminen bajo control de organizaciones armadas. El planteo de Bennett obliga a separar la normalización árabe-israelí de soluciones apresuradas que no resuelven las causas operativas del conflicto. La apertura hacia Arabia Saudita conserva valor histórico, aunque su éxito dependerá de que avance como una alianza entre Estados soberanos y no como el precio de aceptar una amenaza futura.


Israel sostiene que la integración regional debe avanzar con garantías de seguridad.