La asunción de Keiko Fujimori abre una etapa de mayor cooperación política entre Perú y Estados Unidos. Christopher Landau, subsecretario de Estado, integra la representación estadounidense presente en Lima para la transmisión del mando, dentro de una agenda que coloca seguridad, inversión y minerales críticos en el centro del vínculo bilateral. El nuevo gobierno también evalúa mecanismos regionales de cooperación contra carteles y redes criminales transnacionales. El acercamiento a Washington tiene una dimensión operativa y no se limita al protocolo de la ceremonia.
La aproximación cuenta con una base estratégica construida antes de la investidura. Estados Unidos designó a Perú aliado principal extra-OTAN en enero de 2026, una categoría que facilita cooperación en defensa, investigación, licencias y adquisición de equipamiento. El interés se relaciona con la posición peruana sobre el Pacífico, su infraestructura portuaria y su peso como productor de cobre y otros minerales esenciales. Para Lima, la relación ofrece tecnología y apoyo de seguridad; para Washington, consolida un socio relevante en una costa donde China amplió su influencia.
El cobre convierte la política exterior peruana en una cuestión económica y tecnológica de alcance global. Estados Unidos busca cadenas de suministro más seguras para industrias sensibles y Perú necesita capital, infraestructura y acceso estable a mercados para transformar sus recursos en crecimiento. La agenda puede conectar minerales críticos con cooperación antinarcóticos, control fronterizo, modernización institucional y nuevas inversiones. El valor de la cercanía se medirá por proyectos concretos, capacidades estatales y mejores condiciones comerciales, no por fotografías diplomáticas.
China conserva al mismo tiempo una ventaja comercial que ningún giro diplomático puede ignorar. El intercambio bilateral de bienes superó los US$ 50.000 millones en 2025, mientras el comercio de bienes entre Perú y Estados Unidos se ubicó cerca de US$ 23.000 millones. El puerto de Chancay, operativo desde 2025 después de su fase inicial, redujo tiempos de navegación hacia Asia y consolidó una plataforma logística regional. La estrategia más rentable no es sustituir un socio por otro, sino usar la competencia para ampliar mercados y mejorar las condiciones de inversión.

La presencia internacional en la investidura muestra que el nuevo gobierno busca iniciar con una red diplomática amplia. La ceremonia reúne a mandatarios sudamericanos, al rey Felipe VI, delegaciones de Estados Unidos, China, Japón y Corea, y autoridades de otras regiones. Esa combinación ofrece a Perú una plataforma para coordinar seguridad, comercio del Pacífico, infraestructura y atracción de capital. Keiko Fujimori podrá aprovechar esa visibilidad si convierte las reuniones iniciales en una agenda verificable. Lima tiene margen para actuar como punto de articulación regional sin cerrar vínculos económicos.

La política exterior será exitosa si combina afinidad occidental con autonomía comercial. Un vínculo más estrecho con Estados Unidos puede mejorar la cooperación contra el crimen, el acceso a tecnología y las oportunidades para minerales críticos, mientras la relación con China seguirá siendo indispensable para exportaciones, infraestructura y conexión asiática. La orientación de Donald Trump refuerza el componente de seguridad, pero el peso de Chancay exige pragmatismo económico. Perú puede alinearse en defensa sin cerrar mercados y convertir la competencia entre potencias en inversión, capacidad estatal y diversificación.