Una enfermedad que afecta al hígado y que, en muchos casos, puede desarrollarse durante años sin manifestaciones evidentes continúa representando un desafío para los sistemas sanitarios.
Aunque existen vacunas eficaces para algunos de sus tipos y tratamientos capaces de evitar consecuencias severas, los especialistas insisten en que el diagnóstico temprano y la prevención siguen siendo las principales herramientas para reducir su impacto.
En ese contexto, el hepatólogo Esteban González Ballerga, jefe de la División de Gastroenterología del Hospital de Clínicas, expresó su preocupación por la disminución en la cobertura de la vacuna contra la hepatitis A en Argentina.

Según indicó, la inmunización de los niños de 12 meses cayó en los últimos años, lo que incrementa la cantidad de personas expuestas a contraer la enfermedad.
El especialista recordó que la vacuna forma parte del Calendario Nacional de Vacunación y remarcó que mantener una alta cobertura es fundamental para evitar nuevos brotes. También señaló que una parte de la población presenta mayor riesgo de desarrollar cuadros graves, por lo que reforzar la prevención resulta clave.
Los distintos tipos de hepatitis presentan mecanismos de transmisión diferentes. Mientras la hepatitis A suele propagarse por el consumo de agua o alimentos contaminados y por contacto fecal-oral, las hepatitis B y C se transmiten principalmente por contacto con sangre infectada, relaciones sexuales sin protección o de madre a hijo durante el embarazo o el parto. También existen formas no virales relacionadas con el consumo excesivo de alcohol, determinados medicamentos o enfermedades autoinmunes.
Además de completar los esquemas de vacunación, los especialistas aconsejan utilizar preservativo, mantener una correcta higiene de manos, moderar el consumo de alcohol y realizar controles periódicos del hígado mediante consultas médicas, análisis de sangre y ecografías. Destacan que un diagnóstico temprano permite acceder a tratamientos efectivos y disminuir el riesgo de complicaciones como la cirrosis o el cáncer hepático.
Cada 28 de julio se conmemora el Día Mundial de la Hepatitis, una jornada impulsada para promover la prevención, el diagnóstico oportuno y el acceso a los tratamientos.
La fecha busca recordar que, pese a los avances médicos, millones de personas conviven con esta enfermedad sin saberlo y que la detección precoz sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir su impacto en la salud pública.