29/07/2026 - Edición Nº1268

Deportes


En reemplazo de Deschamps

Zidane vuelve a la selección de Francia: el reto de ordenar un vestuario lleno de figuras

28/07/2026 | Zizou rechazó a varios clubes durante un lustro esperando este llamado. Ahora regresa a Les Bleus con una misión: manejo de egos y una agenda exigente.



Hay una frase que explica mejor que cualquier análisis táctico por qué Zinedine Zidane dijo que no a media Europa durante años: "Mi verdadero sueño era estar aquí". No habla de un club, ni de un trofeo, ni de un contrato millonario. Habla de la selección de Francia, el único banco que le importaba ocupar desde que dejó el Real Madrid en 2021.

Durante cuatro o cinco temporadas, mientras su nombre sonaba para el Manchester United, el PSG o una vuelta al Bernabéu, Zidane esperó. Los contactos formales con la Federación Francesa arrancaron en febrero de 2025 y tardaron más de un año y medio en cerrarse. No fue impaciencia ni necesidad económica lo que lo trajo de vuelta a los banquillos: fue la convicción de que ese puesto, y ningún otro, merecía romper su retiro.

Hay algo casi cinematográfico en el momento elegido. Zidane se despidió como jugador en la final del Mundial 2006, con aquel cabezazo a Materazzi que cerró su carrera de la peor manera posible pese a haber sido, esa misma noche, el mejor jugador del torneo. Veinte años después, vuelve al mismo escenario, pero del otro lado de la línea de cal, con la responsabilidad de devolverle a Les Bleus el brillo que empezó a apagarse tras la final perdida ante Argentina en 2022 y la floja actuación en el Mundial 2026.

El desafío de manejar un vestuario de estrellas

Zidane ya demostró en el Real Madrid que sabe convivir con egos gigantes sin que el barco se hunda: manejó a Cristiano Ronaldo, a Gareth Bale, a Karim Benzema y a Luka Modric al mismo tiempo, todos peleando minutos y protagonismo, y salió de ahí con tres Champions League seguidas. Ese oficio -el de hacer que un vestuario de figuras reme para el mismo lado- es exactamente lo que necesita ahora con Kylian Mbappé como estandarte y una nueva generación empujando detrás.

Detrás del jugador merengue asoma una serie de jugadores que está lista para tomar la posta pero que ya no espera turno, sino que empuja de igual a igual. Ousmane Dembélé, vigente Balón de Oro, llega en el mejor momento de su carrera; Michael Olise se consolidó como una de las revelaciones del fútbol europeo; y Bradley Barcola completa un tridente ofensivo inamovible. En el mediocampo, Aurélien Tchouaméni aporta el manejo de pelota y en la defensa está la seguridad de Dayot Upamecano, quien ofrece solidez y oficio en la zaga central.

Zidane no llega a un equipo de un solo nombre: llega a un plantel con media docena de candidatos a protagonista, y ahí es donde su experiencia repartiendo minutos y roles en el Real Madrid puede terminar de definir si esta nueva Francia encuentra su identidad o se diluye en el intento.

El contraste con su antecesor es inevitable. Didier Deschamps dirigió a Francia durante 14 años con un sello pragmático, resultadista, que le dio un Mundial en 2018 y un subcampeonato en 2022. Zidane llega con otra idea en la cabeza: un fútbol más ofensivo, inspirado en el que impuso en su etapa en Madrid. No es solo un cambio de nombre en el cargo, es un cambio de filosofía para un plantel que se acostumbró a jugar de otra manera.

Y el tiempo no le va a sobrar. Su contrato lo ata a la federación hasta 2030, con tres citas grandes en el medio: la Nations League de 2027, la Eurocopa de 2028 y el propio Mundial de 2030. Poco margen para experimentar sin resultados a la vista, sobre todo teniendo en cuenta que el presidente de la FFF Philippe Diallo (foto), lo presentó como la figura "del corazón de los fans", una descripción que también funciona como presión: no alcanza con el símbolo, hace falta que el símbolo gane.

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Zidane lo sabe. Lo dijo él mismo en la conferencia de prensa, marcando distancia con sus antecesores sin desmerecerlos: "Didier es Didier. Laurent Blanc es Laurent Blanc. Zizou es Zizou". Ahora tiene que demostrar que esa frase no es solo una forma elegante de presentarse, sino el anuncio de una identidad propia para un equipo que necesita encontrar la suya.