La confianza en el Gobierno de Javier Milei volvió a retroceder durante julio y encendió una señal de alerta en la Casa Rosada, especialmente por el deterioro registrado en el Conurbano bonaerense. El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella junto a Poliarquía Consultores, cayó 6,5% respecto de junio y se ubicó en 1,94 puntos sobre cinco.

El dato también muestra un retroceso del 21% en términos interanuales y confirma que seis de los primeros siete meses de 2026 terminaron con variaciones negativas. Para el oficialismo, el resultado representa un desafío creciente de cara a 2027, en un escenario donde la estabilidad macroeconómica todavía no se traduce de manera uniforme en una percepción positiva sobre la situación cotidiana.
El deterioro más marcado se registró en el Gran Buenos Aires, donde la confianza cayó 10,9% y quedó en 1,63 puntos. El resultado preocupa especialmente al oficialismo por el peso electoral que tiene la región y por la dificultad para instalar entre los sectores más afectados una sensación concreta de recuperación económica.

En la Ciudad de Buenos Aires, el índice retrocedió 5,6%, hasta alcanzar 1,92 puntos. En el interior del país, en tanto, la caída fue de 4,7%, aunque la confianza se mantuvo en 2,09 puntos, el nivel más alto entre las regiones relevadas.
Dentro del Gobierno identifican especialmente a los jóvenes del Conurbano y a las personas con menor nivel educativo como algunos de los grupos que más dificultades encuentran para percibir una mejora concreta en sus condiciones de vida.
La preocupación no pasa únicamente por el resultado de una encuesta. El oficialismo entiende que, si la recuperación económica no logra impactar en el empleo, los ingresos y el consumo, será cada vez más difícil sostener el respaldo político conseguido durante los primeros años de gestión.
El grupo de entre 18 y 29 años registró el mayor retroceso por edad, con una caída del 23% y un índice de confianza de apenas 1,68 puntos. Entre las personas de 30 a 49 años, la variación fue mínima, mientras que entre los mayores de 50 años la confianza disminuyó 7,1%.
El dato adquiere especial relevancia porque los jóvenes fueron uno de los sectores que acompañaron con mayor fuerza el discurso de cambio de Milei. La dificultad para convertir las expectativas generadas en mejoras concretas podría convertirse en uno de los principales desafíos políticos del oficialismo durante el período previo a las elecciones de 2027.
Desde el Gobierno admiten que existe una percepción positiva sobre la evolución de la inflación y que buena parte de la población reconoce la estabilidad de los fundamentos macroeconómicos. Sin embargo, consideran que todavía falta que esa mejora se refleje en la economía cotidiana.
La caída de la confianza fue generalizada y alcanzó a cuatro de los cinco componentes que conforman el índice. El mayor descenso se produjo en el indicador de Eficiencia, que retrocedió 15,4%.

Le siguieron Capacidad, con una baja del 7,3%; Preocupación por el interés general, que disminuyó 6,9%; y Evaluación general del Gobierno, con una contracción del 2,5%. El componente de Honestidad fue el que mostró mayor estabilidad, aunque también tuvo una variación negativa de 0,4%.
Los resultados reflejan un deterioro que excede la evaluación estrictamente económica y alcanza también la percepción sobre el funcionamiento general de la administración nacional.
Uno de los datos más significativos del estudio aparece al cruzar la confianza con las expectativas económicas. Entre quienes creen que la situación del país mejorará durante el próximo año, el índice alcanzó 4,15 puntos. Entre quienes esperan un empeoramiento, en cambio, cayó hasta apenas 0,33 puntos.
La diferencia muestra el peso que tendrán las condiciones económicas sobre la evolución del respaldo al Gobierno. La estabilización de la inflación puede ser un punto de partida, pero el oficialismo necesita que esa mejora se traduzca en una percepción concreta de bienestar.
En la Casa Rosada reconocen que el desafío ahora es "ganar la discusión sobre la reactivación". El Gobierno busca instalar la idea de que el orden macroeconómico permitirá una nueva etapa de crecimiento, pero enfrenta el problema de que esa recuperación todavía no es percibida de igual manera en todo el país.
Con la mirada puesta en 2027, la evolución de la actividad, los salarios y el consumo será determinante. Para Milei, recuperar la confianza no dependerá solamente de sostener los indicadores macroeconómicos, sino de conseguir que la población, especialmente en los grandes conurbanos, empiece a sentir que la estabilización también mejora su vida cotidiana.