La nueva estrategia internacional de Cristina Kirchner para cuestionar su condena en la causa Vialidad sumó un nombre que, por su trayectoria y especialmente por sus posiciones públicas recientes, resulta difícil de asociar con el universo político de la expresidenta.
Se trata de Javier Borrego, exmagistrado del Tribunal Supremo de España y exjuez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), quien ahora forma parte de la defensa internacional de Cristina ante el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas.
La elección adquiere una dimensión política particular porque Borrego no es un jurista identificado con el progresismo europeo ni con la izquierda latinoamericana.
Por el contrario, en los últimos años se acercó públicamente a sectores conservadores españoles, participó en actividades organizadas por Vox y se pronunció duramente contra algunas de las principales reformas impulsadas por los gobiernos progresistas de España en materia de género, identidad sexual, feminismo y derechos reproductivos.
Su nombre quedó especialmente expuesto en septiembre de 2025, cuando participó en una jornada organizada por Vox en el Congreso de los Diputados sobre "ideología de género y denuncias falsas".
Allí convirtió la autodeterminación de género en objeto de una serie de ironías y burlas y llegó a presentarse durante unos segundos como una mujer para cuestionar la denominada Ley Trans.
Ese episodio provocó críticas de organizaciones LGTBIQ+ y de integrantes del gobierno español.
Ahora, menos de un año después, Borrego aparece como uno de los dos juristas extranjeros convocados por Cristina Kirchner para una batalla jurídica internacional contra lo que la expresidenta considera una persecución política.
Borrego dejó el Tribunal Supremo en 2020, al alcanzar la edad ordinaria de jubilación, y desde entonces profundizó su actividad como abogado, conferencista y comentarista en asuntos jurídicos y políticos.
Y allí empezó a aparecer con mayor frecuencia en ámbitos vinculados con la derecha española.
El vínculo público más evidente con la formación de Santiago Abascal se produjo en septiembre de 2025, cuando Borrego participó como expositor en una jornada organizada por Vox dentro del Congreso de los Diputados.
El encuentro se tituló "Ideología de género y denuncias falsas España/Argentina" y reunió a dirigentes del partido, abogados y especialistas que cuestionaron las políticas de género, la legislación sobre violencia machista y las normas de autodeterminación de género.
Borrego no solamente asistió. Tuvo un papel activo como expositor y comenzó su intervención agradeciendo expresamente al grupo parlamentario de Vox por haber impulsado el encuentro.
"Gracias al grupo parlamentario VOX por su tesón en lograr que se celebre este acto. Olé la cabezonería", afirmó.
Durante la jornada también aseguró pertenecer a la denominada "manosfera", término utilizado para describir determinados espacios digitales y culturales vinculados con discursos antifeministas y de reivindicación de los hombres.
El momento que más repercusión generó fue su intervención sobre la legislación española de autodeterminación de género.
Borrego decidió utilizarse a sí mismo como ejemplo para cuestionar la lógica de la denominada Ley Trans, aprobada en 2023 durante el gobierno de coalición progresista.
"Hoy me siento mujer. Me llamo Francisca Javiera y soy mujer", dijo. Y continuó con la ironía: "No me lo discutan, que les llevo por delito de odio a un tribunal".
La intervención terminó con otra frase en tono sarcástico: "Muchas gracias, han respetado mi identidad de género que transitoriamente en dos segundos he manifestado".
Pero sus palabras fueron interpretadas de otra manera por organizaciones de derechos LGTBIQ+, que consideraron que el exmagistrado había utilizado la identidad de las personas trans como objeto de burla.
La Federación Estatal LGTBI+ anunció que llevaría sus declaraciones a la Fiscalía y las calificó de "tránsfobas". El organismo sostuvo que el episodio constituía una burla hacia las personas trans y cuestionaba normas destinadas a proteger sus derechos.
La polémica escaló rápidamente. La entonces ministra de Igualdad, Ana Redondo, cuestionó públicamente las declaraciones del exmagistrado y las calificó de "palabras cargadas de odio".
La dirigente de Podemos y exministra de Igualdad Irene Montero también cuestionó la intervención y reclamó que el Congreso suspendiera las jornadas.
La polémica, además, tenía una particularidad institucional: Borrego había sido juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y magistrado del máximo tribunal español.
El episodio de la Ley Trans no fue una intervención aislada. Borrego ha desarrollado en los últimos años un discurso jurídico muy crítico con lo que denomina "ideología de género".
En una conferencia organizada por la Universidad Francisco de Vitoria en 2021, por ejemplo, sostuvo que existía un intento de sustituir al "Hombre como titular de los Derechos Humanos" y cuestionó lo que consideraba una proliferación de nuevos derechos presentados como fundamentales.
En ese mismo ámbito defendió una concepción de los derechos humanos basada en una mirada más tradicional y se mostró crítico con determinados desarrollos contemporáneos en materia de derechos sexuales y reproductivos.
Durante aquella jornada de Vox sostuvo que la "ideología de género" había generado un "caos absoluto" y cuestionó que de ella hubieran surgido normas que, según su interpretación, resultaban cada vez más confusas.
Su argumento fue que la legislación había llevado a una expansión de categorías vinculadas con la autopercepción y la identidad que, desde su perspectiva, terminaban alterando conceptos jurídicos básicos.
La ironía de "Francisca Javiera" fue la forma elegida para convertir esa discusión jurídica en un ejemplo práctico.
Durante aquella misma intervención, Borrego también recurrió a uno de los casos históricos más controvertidos utilizados en los debates sobre identidad de género: el de David Reimer.
Reimer nació en Canadá en 1965 y, después de un accidente ocurrido durante una circuncisión cuando era bebé, fue sometido a una reasignación sexual y criado como niña bajo la supervisión del psicólogo John Money.
El caso fue utilizado durante años como argumento para sostener que la identidad de género podía ser moldeada socialmente. Sin embargo, Reimer terminó viviendo como hombre, hizo pública su historia y murió por suicidio en 2004.
Borrego utilizó ese episodio para cuestionar las teorías que colocan la identidad de género en un terreno predominantemente cultural y no exclusivamente biológico.
El discurso de Borrego también tuvo un tono deliberadamente provocador. Durante aquella jornada sostuvo que existía una creciente confusión alrededor de las categorías sexuales y afirmó: "Hoy llevamos 33 sexos".
En otro tramo, volvió sobre la autodeterminación y relató en tono burlón una situación hipotética en la que, al sentirse mujer, debería poder ingresar a un vestuario femenino.
"Yo presentí que tenía que ingresar al vestuario de una piscina femenina porque en ese momento me sentía mujer. Me dijeron que estaba loco. No, locos los parlamentarios que aprobaron esta ley", sostuvo.