El 31 de julio de 2018, Mauricio Macri reconocía que la inflación argentina sería mucho más alta de lo que había previsto su Gobierno y recurría a una fórmula que rápidamente quedó asociada a una vieja referente de los consumidores: Lita de Lázzari. “La gente tiene que caminar, mirar”, recomendaba el entonces Presidente, en medio de una fuerte devaluación, aumentos de tarifas y una crisis cambiaria que había llevado al Gobierno a recurrir al FMI.
A ocho años de aquellas declaraciones, el episodio volvió a quedar como uno de los momentos más recordados de la gestión de Cambiemos por el contraste entre el pronóstico oficial y el resultado que finalmente tuvo la inflación.
La frase fue pronunciada por Macri el 31 de julio de 2018, en declaraciones a Cadena 3. Por entonces, el Presidente admitía por primera vez que la inflación anual podía ubicarse alrededor del 30%.
El dato representaba un fuerte cambio respecto del objetivo que el propio Gobierno había establecido a comienzos de ese año. La meta oficial había quedado rápidamente desbordada por la evolución de los precios y la crisis cambiaria.
Pero además del reconocimiento de la inflación, Macri apeló a una recomendación que remitía directamente a Lita de Lázzari, una conocida figura de los años 90 vinculada con la defensa de los consumidores y famosa por aconsejar comparar precios entre distintos comercios.
“La gente tiene que caminar, mirar, porque en estos momentos de devaluación se encuentran precios con más o menos el 30%”, sostuvo Macri.
Y agregó: “Yo le pido que se cuiden, que miren, que comparen precios hasta que esto se equilibre”.
La expresión rápidamente quedó instalada en la discusión política y económica. El Presidente trasladaba parte de la respuesta frente a la inflación al comportamiento cotidiano de los consumidores: recorrer negocios, comparar valores y evitar a quienes definió como “los vivos”.
Lita de Lázzari había construido su popularidad a partir de sus intervenciones públicas sobre el consumo, particularmente durante la década de 1990. reconocida por presidir la Liga de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios.
Su recomendación más conocida era precisamente “camine, señora, camine”: recorrer distintos comercios antes de comprar para encontrar mejores precios.
La frase se transformó con el tiempo en una referencia habitual cuando se hablaba de estrategias domésticas para afrontar aumentos y diferencias de precios.
El problema era que el contexto económico de 2018 excedía ampliamente la posibilidad de encontrar un comercio más barato.
La situación era especialmente significativa porque durante la campaña presidencial de 2015 Macri había planteado que reducir la inflación sería uno de los principales objetivos de su administración. En 2018, sin embargo, la dinámica económica había cambiado drásticamente.
La Argentina atravesaba una fuerte crisis cambiaria. El peso había sufrido una importante depreciación frente al dólar, las tasas de interés habían aumentado y el Gobierno había iniciado negociaciones con el Fondo Monetario Internacional después de la corrida cambiaria.
En ese escenario, los precios comenzaron a acelerarse con fuerza. Macri reconoció entonces que 2018 terminaría con una inflación cercana al 30%.
“Este año terminaremos con una inflación de alrededor del 30 por ciento, lamentablemente producto de este ‘tormentón’ y el aumento del dólar”, afirmó.
El Presidente también admitió que el Gobierno había subestimado el impacto de las tarifas de los servicios públicos. “Tuvimos que subir tarifas un 1000 por ciento”, argumentó en aquella oportunidad.

El agravante fue que aquel cálculo del 30% tampoco terminó siendo acertado. La inflación de 2018 cerró alrededor del 47,6%, según el índice de precios al consumidor del INDEC. Es decir, el resultado anual fue aproximadamente 18 puntos porcentuales superior al pronóstico que Macri había formulado a fines de julio.
La diferencia fue todavía más significativa porque el Gobierno había comenzado el año con una expectativa de inflación considerablemente menor.
Durante 2018 se combinaron varios factores que impactaron sobre los precios. La fuerte depreciación del peso tuvo una incidencia directa e indirecta sobre el costo de numerosos bienes y servicios. A eso se sumaron los aumentos tarifarios y una política económica atravesada por el intento de reducir el déficit fiscal.
En mayo de aquel año, la crisis cambiaria llevó al Gobierno a solicitar asistencia financiera al FMI. La cotización del dólar había escalado con rapidez y la pérdida de valor del peso comenzó a trasladarse a los precios internos.
Los alimentos estuvieron entre los rubros que más presión ejercieron sobre el poder adquisitivo de los hogares.
Aquel 31 de julio de 2018, Macri también formuló otro pronóstico que el tiempo se encargaría de poner a prueba.
“Este mes baja, va a seguir yendo a la baja, el año que viene va a bajar y en dos o tres años vamos a tener una inflación de un dígito”, sostuvo.
La previsión no se concretó durante su mandato. La inflación siguió siendo uno de los principales problemas económicos de los últimos años de su Gobierno y cerró 2019 con una variación anual superior al 50%.
Así, las declaraciones de 2018 quedaron asociadas no sólo a la frase sobre “caminar y comparar”, sino también a una serie de pronósticos sobre la evolución de los precios que no llegaron a cumplirse.