Estados Unidos lanzó durante la noche del 29 de julio una nueva oleada de ataques contra Irán que dejó tres civiles muertos en la isla de Qeshm. La operación respondió al lanzamiento de misiles balísticos contra fuerzas estadounidenses desplegadas en Jordania y alcanzó centros de mando, instalaciones de misiles y drones, sistemas de vigilancia, defensas costeras y medios marítimos. El nuevo intercambio quebró la pausa militar de varios días y devolvió el conflicto a una fase de represalias directas. La ubicación de Qeshm, junto a una de las rutas energéticas más importantes del mundo, amplificó el impacto del ataque más allá del frente estrictamente militar.
La defensa jordana interceptó cinco misiles procedentes de territorio iraní y no registró víctimas durante el ataque. Los proyectiles buscaban alcanzar una base aérea y una instalación utilizada por el Comando Central estadounidense, pero fueron destruidos antes de llegar a sus objetivos. La respuesta norteamericana culminó a las 22:00 de Washington del miércoles 29, cuando ya comenzaba la madrugada del jueves en territorio iraní. La presencia de unos 50.000 militares estadounidenses en Oriente Próximo convierte cada lanzamiento contra una base en un riesgo regional, porque obliga a proteger instalaciones distribuidas entre Jordania, Irak y los países del Golfo.
Un proyectil estadounidense alcanzó una vivienda del barrio Chah Tangu, en Qeshm, y mató a un matrimonio y a su hijo de dos años. Los otros dos hijos de la familia, de siete y nueve años, resultaron heridos y fueron trasladados a un centro asistencial después de finalizar la búsqueda entre los escombros. El impacto convirtió a la isla en el punto más sensible de la nueva operación por la presencia de víctimas civiles y por su cercanía con instalaciones militares iraníes. La muerte de una familia eleva el costo político del bombardeo y puede reforzar la presión interna para que Teherán responda con nuevas acciones.
La misma oleada alcanzó Kish y distintos puntos de las provincias de Juzestán, Bushehr y Fars. También se registraron impactos en los alrededores de Ahvaz, Abadán, Shadegán, Kazerún y Farashband, mientras el despliegue estadounidense concentró su presión sobre capacidades de mando, vigilancia, defensa costera y lanzamiento de drones. Horas antes, fuerzas estadounidenses y sauditas habían atacado en Irak a grupos armados vinculados con Irán, en una operación que dejó al menos veinte combatientes muertos y provocó el rechazo del gobierno iraquí. La superposición de ataques en varios países reduce el margen de las negociaciones y aumenta la posibilidad de que un incidente local active otra respuesta regional.

Qeshm se encuentra dentro del estrecho de Ormuz, una ruta decisiva para la salida del petróleo y el gas de los productores del Golfo. Por ese corredor circulaba cerca de una quinta parte del consumo mundial de líquidos derivados del petróleo antes de que la guerra redujera severamente el tránsito comercial. Cada ataque cercano agrega una prima de riesgo, el sobreprecio que operadores, aseguradoras y navieras incorporan ante la posibilidad de daños, demoras o nuevos bloqueos. Una interrupción prolongada afectaría el volumen disponible, encarecería los seguros marítimos y volvería a presionar las referencias internacionales del crudo.

Argentina observa la escalada desde una posición energética que combina mayores exportaciones de Vaca Muerta con la necesidad de importar determinados combustibles refinados. Una suba del petróleo puede mejorar el valor de las ventas externas y favorecer el ingreso de divisas, pero también encarece referencias utilizadas en combustibles, transporte, seguros y contratos internacionales. El traslado al mercado interno no es automático porque intervienen impuestos, márgenes de refinación, inventarios y decisiones comerciales. El principal riesgo para la economía argentina no es un precio aislado del barril, sino una volatilidad prolongada que complique inversiones, costos logísticos y previsibilidad interna.