José Raúl Mulino lanzó la Agenda Nacional de Tecnologías Avanzadas con una inversión de USD 105 millones para desarrollar la estrategia de semiconductores y microelectrónica. El plan reúne una Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial y otra dedicada a chips, componentes y cadenas de suministro. Panamá busca aprovechar su posición logística, los cables submarinos, los centros de datos y una economía dolarizada para convertirse en un nodo regional de servicios tecnológicos. La cifra anunciada no financiará una fábrica de chips de escala mundial, pero puede construir capacidades en diseño, pruebas, empaquetado, formación e investigación, segmentos que requieren menos capital que una planta de fabricación avanzada.
La agenda incluye diez mil becas de Talent Up Panamá para inteligencia artificial, análisis de datos, computación en la nube y ciberseguridad. El programa se apoya en una alianza con Google, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Universidad Tecnológica de Panamá. También prevé un Centro de Tecnología Avanzada de Semiconductores dentro de esa universidad y becas de maestría y doctorado en Arizona para estudiantes que luego regresen al país. Los semiconductores son los componentes que controlan y procesan señales eléctricas dentro de teléfonos, vehículos, redes, equipos médicos y sistemas industriales. Entrar en esa cadena exige talento especializado, propiedad intelectual, estándares de calidad y clientes internacionales, no solo infraestructura física.
La Asamblea Nacional analiza además un proyecto de gobernanza adaptativa para regular la inteligencia artificial según niveles de riesgo. Ese enfoque permite imponer controles más estrictos a sistemas que afectan salud, seguridad, crédito o derechos, mientras deja mayor espacio de prueba para aplicaciones de bajo impacto. Una regulación basada en riesgo puede dar certeza a inversores y ciudadanos si define quién responde por los datos, cómo se auditan los algoritmos y qué vías existen para reclamar. La ventaja competitiva no será tener una ley extensa, sino ofrecer reglas claras que permitan innovar sin convertir a la población en un laboratorio sin garantías.
La carrera por chips y energía obliga a Panamá a elegir segmentos donde sus activos logísticos produzcan una ventaja concreta. El país se incorporó a Pax Silica, una alianza impulsada por Estados Unidos para fortalecer cadenas confiables de inteligencia artificial y semiconductores. También anunció que Drake University abrirá en Ciudad del Saber una licenciatura en Analítica de Datos. Estas iniciativas pueden conectar educación, empresas y cooperación exterior, pero deberán coordinarse con demanda laboral real. Formar miles de personas sin atraer proyectos productivos generaría subempleo o migración; atraer compañías sin talento local reproduciría una economía de servicios importados con poco valor nacional.
¡Mulino apuesta por la IA! El mandatario participa en el lanzamiento de la Agenda Nacional de Tecnologías Avanzadas, con la que Panamá busca abrirse paso en la inteligencia artificial, los semiconductores y la microelectrónica. pic.twitter.com/V7OzC4ouU5
— Diario Critica.Pa (@criticaenlinea) July 30, 2026
La primera prueba será traducir los USD 105 millones en contratos, laboratorios, programas y metas públicas verificables. El Gobierno debe precisar cuánto corresponde a infraestructura, becas, investigación, atracción de inversiones y funcionamiento institucional. También necesita establecer indicadores: graduados contratados, proyectos instalados, exportaciones de servicios, patentes, empresas creadas y capacidad de cómputo disponible. Sin un cronograma desagregado, la inversión corre el riesgo de diluirse entre organismos y actividades promocionales. La Comisión Nacional para Tecnologías Críticas y Emergentes puede ordenar el proceso si integra al Estado, universidades y sector productivo con responsabilidades y plazos claramente definidos.

Panamá no necesita competir de inmediato con las potencias que fabrican los procesadores más avanzados. Su oportunidad está en construir un ecosistema confiable alrededor de logística, datos, formación, centros de pruebas, servicios regionales y aplicaciones para puertos, finanzas, salud y comercio. Esa especialización puede diversificar una economía muy concentrada en tránsito y servicios, siempre que el capital público atraiga inversión privada y deje capacidades locales. La agenda presentada el 30 de julio es una base ambiciosa; el resultado dependerá de mantener financiamiento, evaluar avances y evitar que las becas, la ley y los laboratorios funcionen como piezas separadas. La tecnología se convertirá en política productiva solo cuando genere empresas, conocimiento y empleo sostenido.
