A Diego Ferrón hay una pregunta que lo acompaña desde hace 18 años: quién ordenó matar a su hermano Damián, a Sebastián Forza y a Leopoldo Bina. Hubo condenas, una investigación que atravesó la ruta de la efedrina, nombres pesados, prófugos, una triple fuga y decenas de hipótesis. Pero el interrogante central sigue abierto.
"Hay cuatro, cinco o diez personas que saben quién ordenó el triple crimen", asegura Ferrón en El Living de News Digitales. Y agrega: "Nunca supimos quién disparó ni quién los mandó a matar. Sabemos quiénes fueron los partícipes necesarios, pero no quién tomó la decisión".
El hermano de una de las víctimas sostiene que quienes conocen la verdad todavía eligen el silencio. "Creo que tienen más miedo ellos que nosotros", afirma en referencia sobre los condenados por el caso.
Desde agosto de 2008, Ferrón siguió cada movimiento del expediente. Estuvo presente durante el juicio oral, acompañó la búsqueda de Esteban Pérez Corradi cuando permanecía prófugo, vivió de cerca la fuga de los hermanos Lanatta y de Víctor Schillaci y terminó escribiendo, junto al periodista Agustín Ceruse, el libro Operación Crystal, que reconstruye la trama detrás del triple crimen.

"Dejé la vida buscando justicia", resume en la entrevista. Y enseguida reconoce que el paso del tiempo no alivió las preguntas. "Pienso todos los días por qué lo mataron. ¿Para qué todo esto? ¿Por qué Damián? Son preguntas que creo que ya no voy a tener respuestas".
Ferrón admite que la causa le cambió la vida para siempre. "Yo era un laburante. Nunca quise esto para mí. Tengo el mismo trabajo desde hace más de 30 años, soy padre, juego al fútbol con mis amigos de toda la vida y, de golpe, terminé metido en una historia de narcotráfico, medicamentos adulterados, inteligencia y política".
Durante la entrevista también cuestiona distintos momentos de la investigación y sostiene que muchas oportunidades se perdieron en los primeros días posteriores a la desaparición de las víctimas. Sin embargo, evita cargar toda la responsabilidad sobre el Poder Judicial.

"La Justicia me dio algunas respuestas y otras no. Hay cosas que uno cree que deberían haberse hecho de otra manera, pero también aprendí que una investigación necesita pruebas y no alcanza con las sospechas", reflexiona.
A casi dos décadas del crimen, dice que ya no espera milagros, aunque mantiene intacta la necesidad de conocer la verdad completa. "Lo volvería a hacer por mi hermano. Toda la exposición, toda la lucha. Pero hay una pregunta que nunca dejó de acompañarme: quién decidió que ellos tenían que morir"