Las primeras horas de cualquier investigación criminal suelen ser decisivas. En el caso del triple crimen de General Rodríguez, donde fueron asesinados Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina, esas jornadas iniciales todavía son motivo de cuestionamientos por parte de las familias de las víctimas y de quienes siguieron de cerca el expediente. Dieciocho años después, varias de las decisiones adoptadas entre el 7 y el 13 de agosto de 2008 continúan bajo la lupa.
El primer dato relevante apareció la misma noche de la desaparición. La camioneta de Damián Ferrón fue encontrada incendiada en el barrio porteño de Villa Santa Rita. A pesar del fuego, los investigadores recuperaron documentación, cheques pertenecientes a José Luis Salerno y las credenciales de las armas de Sebastián Forza, elementos que demostraban que no se trataba de una desaparición común.
Sin embargo, la búsqueda avanzó con dificultades. Mientras las familias intentaban reconstruir los últimos movimientos de los tres empresarios, también comenzaban a surgir datos sobre las comunicaciones telefónicas que podían orientar la investigación. Entre ellos, una señal emitida por el Nextel utilizado por Ferrón.
Durante la entrevista con NewsDigitales, Diego Ferrón recordó que esa información fue comunicada desde el comienzo y que pidió que se siguiera esa pista. Según su relato, la respuesta que recibió de la entonces fiscal Ana María Yacobucci lo sorprendió. "Le dije que había una alerta del Nextel y que había que ver dónde había impactado. Me contestó: '¿Qué querés, que golpee todas las puertas de General Rodríguez para ver dónde están?'", recordó.
Con el correr de las horas, las compañías telefónicas informaron las antenas en las que habían impactado los teléfonos de Ferrón, con registros en Sarandí, Quilmes y General Rodríguez, datos que comenzaron a orientar la pesquisa.
Otro de los momentos que Diego Ferrón recuerda con mayor indignación ocurrió durante las primeras declaraciones en la fiscalía. Según contó, la posibilidad de que las víctimas hubieran sido secuestradas no era la principal hipótesis que manejaban los investigadores.
"La fiscal dijo que se habían ido de joda", recordó durante la entrevista, una frase que, para la familia, reflejó la falta de dimensión que inicialmente tuvo el caso.

El propio expediente refleja que, mientras todavía se intentaba establecer el paradero de los desaparecidos, se ordenaron medidas que luego resultarían llamativas. Entre ellas, convocar a declarar a Sebastián Forza cuando ya llevaba horas desaparecido, una disposición que fue reiterada antes de que la investigación tomara un rumbo distinto.
La búsqueda se extendió durante casi una semana. Recién el 13 de agosto de 2008 un hombre encontró los cuerpos de Forza, Ferrón y Bina en un camino rural de General Rodríguez. Para entonces, la investigación ya había dejado atrás la hipótesis de una simple desaparición y comenzaba a adentrarse en una trama mucho más compleja, vinculada con el tráfico ilegal de efedrina.
Con el paso de los años, el expediente logró establecer responsabilidades y dictar condenas, pero las primeras horas de la investigación siguen siendo uno de los capítulos más cuestionados por las familias. Para Diego Ferrón, muchas de las oportunidades perdidas en aquellos días resultaron determinantes. "Las primeras horas eran claves. Siempre sentí que algo pasó: o hubo una enorme inoperancia o alguien decidió no avanzar", sostuvo.