Las dificultades para afrontar los gastos cotidianos también comenzaron a sentirse con fuerza en el sistema financiero. Cada vez más familias acumulan atrasos con tarjetas, préstamos personales y billeteras virtuales, en un escenario marcado por la pérdida de poder adquisitivo y el encarecimiento del crédito.
Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) mostró que la morosidad del sector privado con los bancos alcanzó en mayo de 2026 el 7,6%, luego de 19 meses consecutivos de aumento. Se trata del nivel más alto de las últimas dos décadas.
El deterioro fue mucho más profundo entre las familias. Desde octubre de 2024, el ratio de irregularidad de los hogares pasó de 2,5% a 12,3%, mientras que entre las empresas subió de 0,7% a 3%.

El incumplimiento de las familias se concentra principalmente en dos tipos de financiamiento: los préstamos personales y las tarjetas de crédito.
En conjunto, ambos instrumentos explicaron el 73% del saldo irregular total. La mora en préstamos personales trepó del 3,3% al 14,9% entre octubre de 2024 y abril de 2026, mientras que en las tarjetas de crédito pasó del 1,6% al 12,5%.
En términos de montos, los préstamos personales en situación irregular acumularon $3,2 billones y las tarjetas de crédito sumaron otros $2,8 billones.
En medio de ese escenario aparece uno de los datos más impactantes del informe: cada argentino en situación de mora con los bancos debe, en promedio, $3.031.476.
El monto varía considerablemente según la jurisdicción. Santa Cruz encabeza el ranking con una deuda promedio de $4,7 millones por persona morosa.
Luego aparecen Tierra del Fuego, con $4,5 millones; Chubut, con $4,2 millones; Neuquén, con $4,1 millones; y la Ciudad de Buenos Aires, con $3,9 millones.
La cifra promedio no implica que todos los deudores deban ese monto, sino que surge de dividir el stock de deuda irregular bancaria por la cantidad de personas en esa situación.

El CEPA calculó que 20,9 millones de personas tienen deudas con bancos, billeteras virtuales o ambos tipos de entidades. Dentro de ese universo, 5,8 millones ya se encuentran en situación irregular.
La mayor cantidad de morosos se concentra exclusivamente en las billeteras virtuales: son 3,4 millones. Otros 1,3 millones registran incumplimientos solamente con bancos, mientras que 1,1 millones presentan atrasos en ambos sistemas.
En comparación con febrero de 2024, la cantidad total de personas morosas aumentó 76%, al pasar de 3,3 millones a 5,8 millones. El incremento fue particularmente fuerte entre quienes se endeudaron solamente con billeteras virtuales.

Ese crecimiento también se refleja en los niveles de incumplimiento. La morosidad en las billeteras virtuales saltó de 7,3% en noviembre de 2024 a 29,6% en mayo de 2026, superando incluso el récord registrado durante la pandemia, cuando había llegado al 27,1%.
Si se consideran conjuntamente bancos y billeteras virtuales, la irregularidad de las familias alcanza el 15,5%. Además, las billeteras concentran dos de cada tres préstamos clasificados como irrecuperables. De los $3,45 billones de créditos en situación 5, el 66,5% corresponde a estas plataformas.
El informe también detectó un fuerte impacto entre las personas más jóvenes. Casi cuatro de cada diez deudores de entre 18 y 34 años se encuentran en mora.
La tasa más elevada corresponde a quienes tienen entre 20 y 24 años: el 41,1% de los créditos otorgados por bancos y billeteras virtuales presenta irregularidades. Entre los jóvenes de 18 y 19 años, el porcentaje llega al 37,6%.
En este segmento, además, predominan ampliamente las deudas con plataformas digitales. Hasta los 34 años, las billeteras virtuales explican cerca del 80% de las personas morosas.

Para el CEPA, el crecimiento de los atrasos no puede explicarse únicamente por decisiones individuales de consumo o por falta de educación financiera.
El informe vincula la escalada con la caída del salario real, las tasas de interés elevadas, la expansión del crédito en un contexto de ingresos debilitados y los menores controles de las billeteras virtuales sobre la relación entre deuda e ingresos.
También advierte que el deterioro comenzó a finales de 2024, mucho antes del proceso electoral, y que los bancos comenzaron a reducir su cantidad de clientes mientras más personas recurrieron a las plataformas digitales para conseguir financiamiento.